Archivo de la categoría: Catedral de Apatzingan

070515. EL CONCILIO DE JERUSALÉN. Hech. 15,7-21. Los Apóstoles y los presbíteros, con Pedro a la cabeza, dan solución al problema de los paganos convertidos: El Espíritu Santo no hizo distinción alguna, ya que purificó sus corazones con la fe.

 
 

http://catedraldeapatzingan81111.podomatic.com/embed/frame/posting/2015-05-07T06_13_25-07_00?json_url=http%3A%2F%2Fcatedraldeapatzingan81111.podomatic.com%2Fentry%2Fembed_params%2F2015-05-07T06_13_25-07_00%3Fcolor%3D43bee7%26autoPlay%3Dfalse%26width%3D550%26height%3D85%26objembed%3D0

Anuncios

060515. LOS APÓSTOLES Y PRESBÍTEROS DE JERUSALÉN. Hech. 15,1-6. La comunidad de Antioquía, ante la llegada de los judaizantes, vio amenazada la memoria de Jesús de Nazaret y por eso acudieron a aquellos que eran la memoria viva de las enseñanzas de Jesús: Los apóstoles.

 
 

http://catedraldeapatzingan81111.podomatic.com/embed/frame/posting/2015-05-05T19_40_08-07_00?json_url=http%3A%2F%2Fcatedraldeapatzingan81111.podomatic.com%2Fentry%2Fembed_params%2F2015-05-05T19_40_08-07_00%3Fcolor%3D43bee7%26autoPlay%3Dfalse%26width%3D550%26height%3D85%26objembed%3D0

050515. PABLO Y BERNABÉ NOS EXHORTAN A PERSEVERAR EN LA FE. Hech. 14,19-28. Hoy la Palabra de Dios nos anima a esforzarnos por entrar en el Reino de Dios porque éste se gana pasando por toda clase de tribulaciones.

 
 

http://catedraldeapatzingan81111.podomatic.com/embed/frame/posting/2015-05-05T15_56_33-07_00?json_url=http%3A%2F%2Fcatedraldeapatzingan81111.podomatic.com%2Fentry%2Fembed_params%2F2015-05-05T15_56_33-07_00%3Fcolor%3D43bee7%26autoPlay%3Dfalse%26width%3D550%26height%3D85%26objembed%3D0

3 DE MAYO, LA VIRGEN NIÑA.

 

P. Ángel Moreno de Buenafuente.

Hace unos días, tuve la suerte de que el Delegado diocesano de educación de Jerez de la Frontera me invitara a visitar la catedral de Jerez con motivo de unas conferencias que di a los profesores de religión sobre la experiencia de Dios en el arte.

La niña María se nos muestra con un libro de oración, en actitud de meditar, ejemplo de quien se alimenta de la lectio divina. En ella podemos contemplar la belleza del alma.

María, la creyente, la que permitió que en  su seno se albergara la Palabra, está revestida de divinidad, de amor de Dios, de presencia interior. No está dormida, sino contemplativa. No está cansada, sino abstraída en el misterio que la inunda, aun sin saberlo.

Ella se convierte en nuestra maestra para acercarnos a las Escrituras. Si algo nos demuestra el cántico que ella entonó en casa de Isabel es el conocimiento de las profecías y la ternura divina hacia los pobres, los pequeños, los humildes y los marginados.

La Niña María nos invita, desde la devoción que nos suscita, a meternos dentro de nosotros y saborear el misterio  que también nos habita.

Este mes es tiempo propicio de tomar las Escrituras, a la luz del Espíritu Santo, para que de alguna forma seamos como María, gestantes de la Palabra de Dios, y demos el fruto de la belleza, de la serenidad, del servicio, de la relación enamorada con Dios.

Virgen María, llenada de gracia y madre de la Palabra, ruega por nosotros.

040515. EL EVANGELIO LOS SALVARÁ. Hech. 1Cor. 15,1-8. La proclamación de Cristo, muerto y resucitado es el centro de nuestra fe. Nosotros no creemos solamente en un Cristo que murió por nosotros en la cruz, sino que por su resurrección fue acreditado como Señor y Mesías.

 
 

http://catedraldeapatzingan81111.podomatic.com/embed/frame/posting/2015-05-04T06_37_42-07_00?json_url=http%3A%2F%2Fcatedraldeapatzingan81111.podomatic.com%2Fentry%2Fembed_params%2F2015-05-04T06_37_42-07_00%3Fcolor%3D43bee7%26autoPlay%3Dfalse%26width%3D550%26height%3D85%26objembed%3D0

“LA VID VERDADERA” Jn 15,1-8. “La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel” (Is 5,7).

 
 

Pbro. Lic. Salvador M. González M.

 La imagen de la vid o de la viña es frecuentemente utilizada por el Antiguo Testamento para señalar al pueblo de Dios, Israel. “Sacaste un vid de Egipto, expulsaste a los paganos y la trasplantaste; le preparaste el terreno y echó raíces hasta llenar el país” (Sal 80,9) y continúa el verso 15: “ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plató y tú hiciste vigorosa”. Sin embargo, Dios se lamenta de esta vid suya que sembró en fértil collado, la rodeó con un cerca, cavó un lagar y le puso un vigilante; pero la viña no dio uvas dulces, sino agrazones, es decir, uvas que destemplan los dientes. Los profetas se lamentan de la infidelidad del pueblo: “esperó de ellos derecho, y ahí tienen: asesinatos; esperó justicia y ahí tienen: lamentos” (Is 5,7b).

  En el Evangelio de este Domingo V de pascua, Jesús se presenta como la “Vid Verdadera,” es decir, el verdadero pueblo de Dios, formado por la vid con sus sarmientos (que somos nosotros). No hay más pueblo de Dios que el que se construye a partir de Jesús y nosotros solamente podemos formar parte de ese pueblo elegido si estamos unidos al tronco de la vid que es Jesucristo, nuestro Señor.  Aquí se continúa el tema de la sustitución, iniciado en la escena de Caná: Jesús da el vino nuevo del amor (2,1-11); Él es la luz verdadera que se opone a la Ley (1,4-9; 8,12); el verdadero pan del cielo en contraposición al maná (6,32); el pastor modelo, en contraposición a los asalariados (10,11). Ahora se define como el verdadero pueblo de Dios.

 El sarmiento no puede dar fruto si no está unido a la vid, nos dice Jesús y después va subrayar: “ustedes sin mi nada pueden hacer” (v. 5). Esta es una realidad que más de alguno de nosotros hemos experimentado. Nuestra debilidad y flaqueza, cuando no tenemos la fuerza del Espíritu, que sólo pueden tener los sarmientos si están unidos al tronco de la vid, nos impiden tener la verdadera vida. La savia del Espíritu solo la beben las ramas que están unidas al tronco.

 Yo me he encontrado con esposos que a pesar de que han luchado por desterrar aquellas actitudes y vicios que dañan a su familia no han podido cuando han luchado solos. Personas que han fracasado en la vida porque se sintieron fuertes y poderosos y no se dieron cuenta que los hombres somos debilidad y sin Dios nos convertimos en ramas secas que las echan al fuego y arden.

 Pero también soy testigo de aquellos que han hecho de Cristo su fuerza, de los que se pegaron a Él y bebieron la sabia de su amor y ahí adquirieron la fuerza para el cambio, la capacidad de amar y así producir los frutos que Dios quiere y nos manifiestan como discípulos de Jesús.

 En cierta ocasión que explicaba este párrafo de la Escritura una señora me refutó diciendo: Padre, me dijo, yo conozco muchas personas que no salen de la Iglesia y no cambian, siguen igual de enojones, viciosos y mal vivientes. Efectivamente, le respondí,  van a la Iglesia, pero les falta dar el segundo paso: unirse a Cristo. En la viña hay muchos sarmientos separados del tronco; no por el hecho de estar dentro de la viña están unidos al tronco de la vid. Es más, hay sarmientos que después que los cortaron se quedaron entrelazados en las demás ramas de la vid y no por eso están unidos al tronco.

La diferencia entre los sarmientos unidos y los separados, es que los primeros permanecen verdes, lozanos y frondosos y después se llenarán de frutos; en cambio los segundos, poco a poco se irán secando, llegará un momento en que los recogerán, los echarán al fuego y arderán (v. 6).  Sin embargo, las personas que van a la Iglesia, tienen una ventaja sobre las que no van: tarde que temprano, la Palabra de Dios tocará su corazón se unirán a Cristo y entonces sí que cambiarán.
 Hoy la Palabra Santa manifiesta esa realidad: unidos a Cristo todo lo podemos, sin Cristo nada podemos hacer. El Apóstol Pablo nos da su testimonio personal: “yo todo lo puedo en aquél que me conforta”. Los santos también son un testimonio del cambio que se puede obrar en nuestra vida cuando nos unimos a la Vid Verdadera.

 La única manera de dar Gloria a Dios es a través de nuestras buenas obras, fruto del amor Cristiano. Que nuestra vida sea un continuo dar Gloria a Dios manifestando que somos discípulos de Cristo porque tenemos la capacidad de amar como él ama. Sólo así brillará nuestra luz en medio de los hombres y darán gloria a Dios al contemplar las buenas obras que hagamos (cfr. Mt. 5,16).

V DOMINGO DE PASCUA. (Act 9, 26-31; Sal 21; 1Juan 3, 18-24; Juan 15, 1-8)

 
 

P. Ángel Moreno de Buenafuente.

LA FUERZA DEL NOMBRE DE JESÚS

El consejo de obrar en el nombre de Jesús puede parecer un atavismo, intento de usar su nombre como una especie de talismán, como palabra mágica. Las autoridades de los tiempos de los Apóstoles así lo creyeron, y les prohibieron pronunciar ese nombre a Pedro y a Juan.

La virtud que posee el nombre de Jesús no implica una fuerza esotérica, sino que por la fe en la persona del Señor se da el signo trascendente. Cuando San Pablo afirma: “Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo” (Flp 2, 10), no está hablando de una fórmula secreta, sino del triunfo de Cristo sobre todos los poderes, una vez que ha realizado el plan de Dios, su Padre, y ha sometido a todos sus enemigos, incluso a la muerte.

San Pablo testimonia cómo, después de su encuentro con el Señor, camino de Damasco,  descubrió que no hay otro que pueda salvar, y contó a los discípulos “cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús” (Act 9, 27).

Decir el nombre de Jesús es invocar su presencia, creer en Él, y es la fuerza de la fe en su persona lo que da firmeza y valor, aun para compartir con Él el camino de Cruz. San Juan afirma: “… éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó” (1Jn 3, 23). En ello se resumen las dos dimensiones esenciales, la trascendente y la social, la teologal y la de alteridad fraterna.

Invocar el nombre de Jesús es entrar en comunión con Él y con su enseñanza, porque se sabe y se cree que está vivo. De ello depende tener vitalidad, experiencia del Resucitado, razón evangelizadora, fecundidad apostólica. La afirmación del Evangelio es contundente, y de ella dependen los frutos del evangelizador. Dice Jesús: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5).

¡Cuánta pretensión es actuar de manera emancipada, aunque sea para hacer obras buenas! Porque en el caso de actuar en favor de los demás no es por bondad, sino por gracia recibida. Reivindicar como propio lo que es de Dios significa, en el mejor de los caso inconsciencia, cuando no presunción, vanidad, protagonismo narcisista.

La parábola de la vid y los sarmientos es una imagen intuitiva que hoy nos sirve el Evangelio, y que nos debiera curar la prepotencia. ¡Qué triste es ver a los agentes de pastoral derrotados después de haber trabajado sin parar! Pero es posible que se deba a que lo han hecho en nombre propio.
Solo nos podremos mantener con gozo y con paz en la tarea de anunciar el Evangelio, si permanecemos relacionados con Jesús y actuamos en su nombre. 

010515. FIESTA DE SAN JOSÉ OBRERO. Hech. 13,26-33. Felicitamos a todos los obreros y trabajadores, hombres y mujeres, que colaboran con Dios en la construcción de un mundo mejor y que a ejemplo de san José se fuerza por llevar lo necesario a su hogar.

 
 

http://catedraldeapatzingan81111.podomatic.com/embed/frame/posting/2015-04-30T19_47_40-07_00?json_url=http%3A%2F%2Fcatedraldeapatzingan81111.podomatic.com%2Fentry%2Fembed_params%2F2015-04-30T19_47_40-07_00%3Fcolor%3D43bee7%26autoPlay%3Dfalse%26width%3D550%26height%3D85%26objembed%3D0