¿Por qué los sacerdotes no suelen usar sotana en México?

, 04 Ago. 22 (ACI Prensa).-
El P. Hugo Valdemar, Párroco de la Parroquia de San Isidro Labrador; y el P. José de Jesús Aguilar, subdirector de Radio y Televisión de la Arquidiócesis de México, explicaron por qué los sacerdotes no suelen usar sotana o clergyman (alzacuellos) en México.

“Hay una razón histórica que se volvió cultural en el clero mexicano. La constitución anticlerical de los masones de 1917 llegó al extremo de la intolerancia religiosa de prohibir a los sacerdotes vestir con ropa talar en lugares públicos”, refirió el P. Valdemar en declaraciones a ACI Prensa.

El sacerdote, que durante 15 años fue el Director de Comunicaciones de la Arquidiócesis Primada de México, indicó que “después vino la terrible persecución de 1926 y las aún peores leyes del presidente Calles que llegó incluso a normar el número de sacerdotes que cada estado de la República debía tener”.

“Ante esta terrible represión, los sacerdotes empezaron por usar la sotana al interior de los templos, pero a vestir de civil en la calle”, resaltó.

La Iglesia Católica fue duramente perseguida en la década de 1920, años en los que se dio la Guerra Cristera en la que murieron miles de católicos, muchos de ellos martirizados.

El P. Valdemar también explicó que años después “con los malentendidos cambios del Concilio Vaticano II y su desacralización consecuente se reforzó esta práctica. Por ejemplo, yo no recuerdo en mis años de formación del seminario ver a ningún sacerdote vestir cotidianamente de sotana o alzacuello”.

“Lo que empezó como una prohibición se convirtió en una costumbre”, sentenció.

El P. José de Jesús Aguilar dijo a ACI Prensa que efectivamente las leyes de hace un siglo hicieron que “muchos sacerdotes tuvieron que vestir de forma ordinaria o normal”, y no podían usar “la sotana, el clergyman o en algunos casos el hábito religioso”.

Sin embargo, “en algunos lugares, las religiosas, los religiosos siguieron utilizando estos hábitos y no hubo ninguna sanción de parte del gobierno”, precisó el sacerdote.

El P. Aguilar dijo que luego de la revocación de las leyes anticlericales en la década de 1990, “ahora ya se puede abiertamente utilizar la sotana, el clergyman o cualquier hábito religioso en lugares públicos”.

El P. Valdemar narró un dato curioso de la historia de la vestimenta clerical.

“Cuando el Papa San Juan Pablo II visitó por primera vez México (en 1979), el Arzobispo Primado, el Cardenal Ernesto Corripio, ¡tuvo que pagar una multa por el Papa que había violado la constitución al salir a las calles vestido con su sotana blanca! Hasta ese grado llegó una ley anticlerical y ridícula”.

¿El hábito hace al monje?

Al ser preguntado sobre la importancia de vestirse como sacerdote, el P. Valdemar recordó que “bien dice el dicho que ‘el hábito no hace al monje pero lo distingue’”.

“El sacerdocio es un sacramento que ‘imprime carácter’, es decir, no solo se es sacerdote cuando se está celebrando, sino en todo momento es uno sacerdote, la vestimenta propia nos lo recuerda en todo momento”, resaltó.

“Por otra parte las personas nos pueden distinguir y acceder a nosotros”, agregó.

El sacerdote mexicano dijo además que “la vestimenta clerical no es esencial, pero si es importante su uso pues nos ayuda en nuestro ministerio”.

“Curiosamente las nuevas generaciones de sacerdotes aprecian mucho el uso de la sotana y el hábito clerical. Algunos los juzgan por clericales, pero la mayor parte de las personas lo aprecian y hasta lo agradecen”.

“Es la importancia de no solo ‘ser’ sino ‘parecer’ sacerdote”, concluyó.

La Iglesia Católica en México

La separación de Iglesia y Estado se remonta a mediados del siglo XIX, cuando varios gobernantes, entre ellos Benito Juárez promulgaron las leyes conocidas como “de reforma” que suscitaron, entre otras cosas, la nacionalización de los bienes eclesiásticos.

Las tensiones se intensificaron a inicios del siglo XX, con la promulgación de la Constitución de 1917 y la ley de tolerancia de cultos, conocida como “Ley Calles”, de Plutarco Elías Calles, que prohibieron las congregaciones religiosas, y llevaron a una serie de restricciones a los sacerdotes y al culto público.

La Ley Calles disparó la Guerra Cristera en 1926, que causó decenas de miles de muertes tanto en el bando del Estado como en el de los insurgentes que defendían la libertad religiosa, conocidos como “cristeros”.

La Guerra Cristera culminó oficialmente en 1929, aunque la persecución religiosa se extendió durante algunos años más.

No fue sino hasta las reformas constitucionales de 1992 y la promulgación de la Ley de Asociaciones Religiosas y de Culto Público ese mismo año, que la Iglesia Católica pudo tener personalidad jurídica en México, y se dejaron de prohibir las “órdenes monásticas”.

Colaboró en esta nota David Ramos, Editor en Jefe de ACI Prensa

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