Papa Francisco encomienda indígenas de Canadá a la intercesión de estas 3 mujeres

VATICANO, 29 Jul. 22 (ACI Prensa).-
Al reunirse este 29 de julio con representantes indígenas en el Arzobispado de Quebec, el Papa Francisco rezó a tres mujeres por el actual camino de sanación y reconciliación con los pueblos aborígenes que sufrieron distintos tipos de abusos en Canadá.

Las poblaciones indígenas más grandes de Canadá son las Primeras Naciones, los Métis y los Inuit.

En su discurso de saludo en el penúltimo día de su estancia en Canadá, el Santo Padre encomendó los frutos de su viaje apostólico “y la continuación del camino que nos espera en el cuidado atento de quienes saben custodiar lo que es importante en la vida” a la Virgen María, Santa Ana y Santa Catalina Tekakwitha, la primera santa indígena de Norteamérica.

Al referirse a Santa Ana, la abuela de Jesús, el Papa recordó que al celebrar su memoria litúrgica el pasado 26 de julio “pude sentir su ternura y protección, venerándola junto a un pueblo de Dios que reconoce y honra a las abuelas”.

Sobre la Virgen María, Madre de Dios, el Santo Padre indicó que “ninguna criatura merece más que ella ser definida como peregrina, porque siempre, también hoy, también ahora, está en camino; en camino entre el cielo y la tierra, para cuidarnos por encargo de Dios y para llevarnos de la mano hacia su Hijo”.

Asimismo, el Papa Francisco habló sobre Santa Catalina Tekakwitha “mujer de presencia afable que nos ha acompañado, y cuyos restos se conservan no lejos de aquí”.

“La veneramos por su vida santa, pero ¿no podríamos pensar que su santidad de vida, caracterizada por una entrega ejemplar en la oración y el trabajo, así como por la capacidad de soportar con paciencia y dulzura tantas pruebas, también fue posible por ciertos rasgos nobles y virtuosos heredados de su comunidad y del ambiente indígena en el que creció?”, afirmó el Papa.

De este modo, el Santo Padre esperó que estas tres mujeres puedan “ayudar a unir, a volver a tejer una reconciliación que garantice los derechos de los más vulnerables y sepa mirar la historia sin rencores ni olvidos” y agregó que “dos de ellas, la Santísima Virgen María y Santa Catalina, recibieron de Dios un proyecto de vida y, sin preguntar a ningún hombre, dieron su ‘sí’ con valentía”.

En esta línea, el Papa señaló que “estas mujeres podrían haber respondido mal a todos los que se oponían a ese proyecto, o bien permanecer sujetas a las normas patriarcales de su tiempo y resignarse, sin luchar por los sueños que Dios mismo había impreso en sus almas”.

Sin embargo, el Santo Padre dijo que estas mujeres “no tomaron esa decisión, sino que, con mansedumbre y firmeza, con palabras proféticas y gestos resueltos se abrieron camino y cumplieron aquello a lo que habían sido llamadas”.

“Que ellas bendigan nuestro camino común, que intercedan por nosotros y por esta gran obra de sanación y reconciliación tan agradable a Dios”, rezó el Papa.

Peregrino con “limitadas posibilidades físicas”

Luego, el Papa Francisco recordó el lema de su viaje apostólico a Canadá “Caminar juntos” para indicar que fue a este país de Norteamérica “no como turista”, sino como amigo, hermano y peregrino con espíritu penitencial.

“He venido a Canadá como amigo para encontrarme con ustedes, para ver, escuchar, aprender y apreciar cómo viven los pueblos indígenas de este país”, advirtió.

Además, el Papa dijo “he venido como hermano, a descubrir en primera persona los frutos, buenos y malos, producidos por los miembros de la familia católica local a lo largo de los años”.

“He venido con espíritu penitencial, para expresarles el dolor que llevo en el corazón por el mal que no pocos católicos les causaron apoyando políticas opresivas e injustas”, explicó.

Asimismo, el Papa advirtió “he venido como peregrino, con mis limitadas posibilidades físicas, para dar nuevos pasos adelante con ustedes y para ustedes; para que se prosiga en la búsqueda de la verdad, para que se progrese en la promoción de caminos de sanación y reconciliación, para que se siga sembrando esperanza en las futuras generaciones de indígenas y no indígenas, que desean vivir juntos fraternalmente, en armonía”.

Finalmente, ya próximo a la conclusión de esta intensa peregrinación, el Papa confió “regreso a casa mucho más enriquecido, porque llevo en el corazón el tesoro incomparable hecho de personas y de pueblos que me han marcado; de rostros, sonrisas y palabras que permanecen en mi interior; de historias y lugares que no podré olvidar; de sonidos, colores y emociones que vibran fuertes en mí”.

“Me atrevo a decir, si me lo permiten, que ahora, en cierto sentido, yo también me siento parte de su familia, y me siento honrado. El recuerdo de la fiesta de Santa Ana, vivida junto a varias generaciones y a tantas familias indígenas, permanecerá indeleble en mi corazón”, concluyó el Papa.

Al finalizar el encuentro el Santo Padre saludó personalmente a cada una de las personas presentes.

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