Hoy es fiesta San Camilo de Lelis, patrono de enfermos y precursor de la Cruz Roja

REDACCIÓN CENTRAL, 14 Jul. 21 (ACI Prensa).-
Hoy, 14 de julio, es la Fiesta de San Camilo de Lelis, fundador de la Congregación de Ministros de los Enfermos y Mártires de la Caridad, más conocidos como Padres Camilos o Camilianos. San Camilo es el patrono de los profesionales de la salud y de los hospitales. Los clérigos de la Orden que fundó, a ejemplo suyo, dieron origen a lo que hoy conocemos como “enfermeros”, particularmente “los enfermeros o enfermeras de guerra”, varios siglos antes que cualquiera de las instituciones de asistencia modernas, como, por ejemplo, la Cruz Roja -también de inspiración católica-.

San Camilo nació en 1550 en Italia. Formó parte del ejército veneciano que luchó contra los turcos, pero contrajo una enfermedad que le afectó una de sus piernas, algo que lo aquejó el resto de su vida. Más adelante, como paciente, ingresó al hospital de San Giacomo en Roma, donde tiempo después laboraría en calidad de criado. Aquella experiencia no terminó muy bien, pues pasados unos meses fue despedido a causa de su espíritu indómito. Es así como Camilo retornaría a las filas del ejército para enfrentar nuevamente a los turcos.

Uno de los mayores vicios del joven Camilo fueron los juegos de azar. Cierta vez llegó a perderlo todo en una partida, hasta la camisa que llevaba puesta. Sumergido en la miseria, se puso a trabajar en la construcción de un convento capuchino en Manfredonia.

Aquel trabajo se convirtió en la ocasión perfecta para que el Señor toque su corazón. Camilo se dio tiempo para escuchar las prédicas en el templo y asistir a la liturgia. Poco a poco su corazón fue cambiando hasta que se dio cuenta de que era un pecador, y se encomendó a la misericordia de Dios. Camilo admitió de corazón que había vivido muy mal, y que Jesús le estaba dando una oportunidad que no había previsto: vivir plenamente, sirviéndolo a Él y a los demás. Durante ese tiempo fuerte de conversión se apoyó mucho en los padres capuchinos y llegó a pensar que Dios lo llamaba a ser uno de ellos. Ingresó a la Orden, pero no pudo profesar a causa del problema con su pierna. Entonces, retornó al hospital de San Giacomo y se dedicó al cuidado de los enfermos. Por su dedicación llegó a ser superintendente del hospital.

Las innumerables necesidades espirituales y materiales que padecían los enfermos en su hospital despertaron en San Camilo la idea de fundar una asociación de personas que desearan consagrarse por caridad al cuidado de los enfermos. Con el acompañamiento espiritual de uno de sus coetáneos más célebres, ni más ni menos que San Felipe Neri, se preparó para recibir el orden sagrado.

Posteriormente, el Padre Camilo decidió dejar el Hospital San Giacomo y junto a dos de sus compañeros fundó la congregación de los Siervos de los enfermos en 1582. El grupo se fue a trabajar al Hospital del Espíritu Santo, en el que todos los días los “camilos” atendían a los pacientes, procurando hacerlo como si se tratara del mismo Cristo, dándoles todo cuanto podían, empezando con los sacramentos.

Con los años, el servicio de la congregación se fue ampliando y aparecieron nuevos llamados: los camilos asumieron la misión de atender a los enfermos de las prisiones y a los convalecientes que vivieran en casas particulares. El siguiente reto de San Camilo fue enviar religiosos al lado de las tropas para que, llegado el momento, atendieran a los que cayeran heridos. Muchos religiosos murieron en este sacrificado servicio contagiados por la peste, pero San Camilo y sus hermanos permanecieron heroicamente al lado de quienes compartían los sufrimientos de Cristo en las circunstancias más extremas.

El Papa San Gregorio XIV en 1591, le concede a los camilos el estatus de Orden religiosa, con la denominación de Orden de los Ministros de los Enfermos, nombre elegido por el Fundador para indicar que sus miembros tenían como modelo a Cristo, quien dijo: «No he venido para ser servido, sino para servir y dar la vida».

El Santo de los enfermos siempre padeció por su pierna, que por tiempos mejoraba y en otros volvía a hacerlo sufrir. Alguna vez, de joven, tuvo una fractura severa, pero por años y años tuvo dos llagas dolorosas en la planta del pie. Los últimos años de su vida, a las molestias de la pierna se sumaron las náuseas y la dificultad para comer, pero aun así no dejó de preocuparse por sus hijos, los enfermos.

En 1607 renunció a la dirección de la Orden y partió a la Casa del Padre unos años después, el 14 de julio de 1614, a los 64 años de edad. El Papa León XIII lo proclamó patrono de los enfermos junto con San Juan de Dios, y el Papa Pío XI lo declaró patrono y modelo de los trabajadores de la salud.

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