Encuentran restos de animales en un ritual de santería en Ciudad Real

Caminaban junto a la orilla de la cola del pantano del Vicario (río Guadiana, provincia de Ciudad Real, España) en busca de yerbabuena cuando repararon en unas bolsas de color negro y azul flotando en el agua. Al acercarse vieron unas velas, un poco más allá unas coronitas de flores y en medio un macabro hallazgo.

Pasaron del asombro al espanto y del horror a la indignación por la monstruosa escena que tenían ante ellos en la mañana luminosa del pasado domingo 19 de abril, tal como informa Pilar Muñoz en La Tribuna de Ciudad Real.

A simple vista se apreciaban unas velas rojas y amarillas flotando en el agua, unas pequeñas coronas de flores y al lado una cabeza de cordero decapitado. Sobre la hierba, restos de piel del animal desollado y sangre aún fresca. En las bolsas asomaban también las vísceras. «Un sacrificio cruento y perverso», señaló a este diario una de las personas que descubrieron el macabro hallazgo.

Puede tratarse de un ritual de santería o de un acto repulsivo. Eso es lo que está investigando la Guardia Civil después de que aparecieran las cabezas de corderos recién sacrificados junto al embalse del Vicario, muy cerca de Peralbillo, una pedanía de Miguelturra, a unos diez kilómetros de la capital, en la carretera de Toledo. Al lado de la cabeza, estaba la piel del animal y varias bolsas con sus vísceras y, flotando en el agua, velas y flores.

Sospechas de un ritual

El guarda rural de la zona, en declaraciones a este diario, indicó que todo apunta a «un ritual de vudú o brujería. Eso es lo que han dicho», concreta Luis Ruiz-Orejón, quien horas después de que los senderistas descubrieran la tétrica escena, dio parte al Ayuntamiento y también al cuartel de la Guardia Civil de Malagón, ya que aunque es término de Miguelturra, desde el punto vista de investigación «corresponde a Malagón», explicó tras comentar que también hablaron con la CHG (Confederación Hidrográfica del Guadiana) y una empresa para recoger los restos.

«Poco después vinieron agentes del Seprona y estuvieron viendo todo». Luis Ruiz-Orejón cuenta que hallaron cuatro cabezas de corderos decapitados, patas cortadas y vísceras en bolsas, cada una rodeada de unas ocho o nueve velas amarillas y rojas y otras tantas coronitas de flores.

Explicó que tuvieron que ir en busca de una barca para empujar las bolsas hacia la orilla con el fin de poder sacarlas del agua y meterlas en el camión desplazado al lugar para recoger todos los restos. «Tras sacarlos los tuvimos que cargar en espuertas», sostuvo. El guarda rural afirmó que estaban cerca del paseo del puente, río abajo, a unos 300 metros, antes del mirador de las aves.

Señaló que para él es el primer hallazgo de estas características en la zona y que cuatro o cinco días después «hemos visto gente extraña» en la zona, «hablando bajito, en secreto». Las personas que descubrieron el macabro hallazgo piden la apertura de una investigación y dar con los autores.

Un segundo hallazgo

Unos días después, el pasado 29 de abril, el entorno del pantano del Vicario amaneció con nuevos restos de un extraño ritual que bien podrían responder a una especie de conjuro para intentar atraer al amor o a algún tipo de presunta brujería, según ha podido conocer el mismo diario. El hallazgo, detectado por unos ciclistas que hacían deporte en la zona, es el segundo de este tipo que se encuentra en dicho lugar después de que el pasado mes de octubre apareciesen restos similares junto con fotografías perforadas con alfileres.

En lo que se refiere a los elementos encontrados en las inmediaciones de la presa del embalse, los ciclistas vieron en uno de los caminos un jarrón con rosas, una botella de champán, dos manzanas, una vela negra y otra roja, tabaco y dos copas entrelazadas. Todo, sobre dos telas de color rojo y negro muy similares a las detectadas en octubre y junto a unas manos de cerámica. Estas piezas serían las necesarias para llevar a cabo el citado conjuro, conocido como ‘amarre’ de amor o para atraer fuerzas positivas, según relatan distintas páginas web especializadas en ritos esotéricos, magias y brujería.

El sentido del sacrificio de animales

Para comprender e intentar interpretar estos hallazgos, contamos con las precisiones de dos miembros de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES). El primero de ellos, José Luis Vázquez Borau, explica que en la Santería, según la consulta que se hace al babalawo para la adivinación, cada orisha tiene su sacrificio preferido (un carnero, un cerdo, un pez, una oveja, una tortuga o una gallina blanca o negra, pollos pavos, patos, etc.). El sacrificio de animales significa un desprendimiento material, económico y principalmente moral. La sangre de los animales no debe faltar en las ceremonias más importantes, ya que el sacrificio brinda la energía cósmica vital (ashé).

Los orishas no consumen la carne de los animales sacrificados, tan sólo el ashé que contiene la sangre, que se derrama sobre los fundamentos de los santos (el altar con velas, etc.) y las cabezas de los iniciados. La sangre acrecienta la energía de los dioses. Los mantiene potentes, eficientes y satisfechos de sus adoradores. De esta manera el orisha se alimenta y se beneficia al santero, Sin sangre no hay salvación, ni prosperidad ni seguridad. A la vez la sangre beneficia al que la ofrece y a los que participan en el sacrificio, que les infunde nuevas fuerzas y vitalidad (ashé). La sangre es “vida de la vida”.

Los rituales se hacen por diversos motivos: a) evitar que la furia del creador se descargue sobre los seres humanos, b) como ritual de iniciación; c) como suplicatorio; d) para liberarse de malas influencias de un trabajo de hechicería, de una enfermedad o de la muerte; e) como trabajo de limpieza o purificación moral, etc.

Ritual de vida y muerte

Por otra parte, Vicente Jara afirma que, a la vista de lo encontrado en el primer caso reseñado, en él tenemos un cordero (agután), con una serie de coronas (addé) florales y velas (ataná). Son típicas de diversos rituales. Por el ambiente acuático los orishas clave del ritual son Olokun (orisha de vida y muerte, ofrece salud y prosperidad, y su lugar propio es el agua y lo profundo del océano), y Yamayá (madre de la vida y ligada al río Oggún en Nigeria).

Ambos son orishas (dioses del panteón politeísta) a los que se hace la ofrenda de su animal propio (aunque tienen varios, pero éste sí lo tienen ambos orishas mencionados), curiosamente el agután o cordero, para buscar mejorar la salud o incluso salir de un peligro de muerte muy serio.

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