Los enseña el Catecismo: Los 8 sorprendentes símbolos del Espíritu Santo

Redacción Central, 20 May. 18 (ACI Prensa).-
El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, que coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo de la historia.

En el día de su fiesta, Pentecostés, que celebramos este domingo, recordamos ocho símbolos que lo representan según el Catecismo.

1. Agua

El simbolismo del agua tiene que ver con la acción del Espíritu Santo en el Bautismo, ya que se convierte en el signo sacramental del nuevo nacimiento.

2. Unción

Simboliza la fuerza. La unción con el óleo es sinónimo del Espíritu Santo. En el sacramento de la Confirmación se unge al confirmado para prepararlo para ser testigo de Cristo.

3. Fuego

Simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu.

4. Nube y luz

Símbolos inseparables en las manifestaciones del Espíritu Santo. Así desciende sobre la Virgen María para "cubrirla con su sombra". En el Monte Tabor, en la Transfiguración, el día de la Ascensión; aparece una sombra y una nube.

5. Sello

Es un símbolo cercano al de la unción. Indica el carácter indeleble de la unción del Espíritu en los sacramentos y habla de la consagración del cristiano.

6. La Mano

Mediante la imposición de manos los Apóstoles y ahora los Obispos, trasmiten el "don del Espíritu".

7. El Dedo

"Por el dedo de Dios expulso yo [Jesús] los demonios" (Lc 11, 20). El himno “Veni Creator” invoca al Espíritu Santo como “dextrae Dei Tu digitus (“dedo de la diestra del padre”).

8. La Paloma

En el Bautismo de Jesús, el Espíritu Santo aparece en forma de paloma y se posa sobre Él.

Más información en: https://www.aciprensa.com/fiestas/pentecostes/catecismo.htm

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El Papa Francisco pide paz para Venezuela y reconciliación en Medio Oriente

Vaticano, 20 May. 18 (ACI Prensa).-
Al finalizar el Regina Coeli, el Papa Francisco pidió por la paz y unidad en Venezuela, que hoy vive elecciones presidenciales, así como por la reconciliación en Tierra Santa y en todo Medio Oriente.

“Deseo dedicarle un recuerdo especial a mi querida Venezuela. Pido que el Espíritu Santo dé a todo al pueblo venezolano: gobernantes, gente y sabiduría para encontrar el camino de paz y unidad”, dijo el Santo Padre este domingo 20 de mayo.

Además, aseguró su oración por las 11 víctimas mortales que dejó el motín de la Cárcel Penitenciaria Fénix, del estado venezolano de Lara.

Por otro lado, el Papa pidió al Espíritu Santo para que inspire el diálogo y la reconciliación en Tierra Santa y Medio Oriente.

“Pentecostés nos trae a Jerusalén con nuestro corazón. Anoche estuve espiritualmente unido con la vigilia de oración por la paz que tuvo lugar en esa ciudad, santa para los judíos, cristianos y musulmanes. Y hoy seguimos invocando al Espíritu Santo para inspirar voluntades y gestos de diálogo y reconciliación en Tierra Santa y en todo el Medio Oriente”, sostuvo Francisco.

Al final de su mensaje aseguró que “Pentecostés marca el origen de la misión universal de la Iglesia”, y es por eso que hoy se publica el Mensaje para el próximo Día Mundial de las Misiones.

“También me gusta recordar que ayer tuvo lugar 175 años desde el nacimiento de la Obra de la Infancia Misionera, ve a los niños como protagonistas de la misión, con la oración y los pequeños gestos diarios de amor y servicio. Agradezco y aliento a todos los niños que participan en la difusión del Evangelio en el mundo”, concluyó.

El Papa anima a ser “testimonios audaces del amor de Dios en un mundo herido”

VATICANO, 20 May. 18 (ACI Prensa).-
El Papa Francisco ha enviado un mensaje de video a los participantes de la Gran Asamblea de Pentecostés que está teniendo lugar en la Diócesis de Pontoise (Francia) sobre el tema “La gran misión es nuestra vocación” que finaliza con una Misa solemne en la que miles de jóvenes y adultos recibirán el Sacramento de la Confirmación.

“¡Qué bonito es ver a como 15 mil cristianos rezan con corazón disponible para acoger al Santo Espíritu de Dios! Su acción eficaz os traerá abundantes frutos de amor, de alegría, de paz, de paciencia, de benevolencia, de bondad, de fidelidad y suavidad y de dominio de uno”, asegura el Papa en el mensaje.

Además, explica que, de esta manera, se convertirán “en testimonios audaces del amor de Dios en un mundo herido, especialmente en las periferias existenciales donde innumerables hombres y mujeres esperan la consolación del Señor”.

Una consolación que, según el Papa Francisco, “podrá llegar a través de vosotros, auténticos discípulos de Cristo, que alcance a cuantos están abatidos en el camino por medio de la ternura de vuestras palabras, las caricias de vuestras obras y así se propague la misericordia y el amor de Dios, difundiéndose como el perfume del aceite santo de la Confirmación que recibís hoy”.

 

Homilía del Papa Francisco del Domingo de Pentecostés

VATICANO, 20 May. 18 (ACI Prensa).-
El Papa Francisco reflexionó sobre cómo el Espíritu Santo actúa en los corazones de los que lo reciben y cómo elimina el miedo de ellos.

Durante la Misa con motivo del Domingo de Pentecostés, el Santo Padre explicó que “el Espíritu libera los corazones cerrados por el miedo. Vence las resistencias. A quien se conforma con medias tintas, le ofrece ímpetus de entrega. Ensancha los corazones estrechos. Anima a servir a quien se apoltrona en la comodidad. Hace caminar al que se cree que ya ha llegado. Hace soñar al que cae en tibieza. He aquí el cambio del corazón”.

A continuación, la homilía del Papa Francisco:

En la primera lectura de la liturgia de hoy, la venida del Espíritu Santo en Pentecostés se compara a «un viento que soplaba fuertemente» (Hch 2,2). ¿Qué significa esta imagen? El viento impetuoso nos hace pensar en una gran fuerza, pero que acaba en sí misma: es una fuerza que cambia la realidad. El viento trae cambios: corrientes cálidas cuando hace frío, frescas cuando hace calor, lluvia cuando hay sequía… así actúa.

También el Espíritu Santo, aunque a nivel totalmente distinto, actúa así: Él es la fuerza divina que cambia, que cambia el mundo. La Secuencia nos lo ha recordado: el Espíritu es «descanso de nuestro esfuerzo, gozo que enjuga las lágrimas»; y lo pedimos de esta manera: «Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas». Él entra en las situaciones y las transforma, cambia los corazones y cambia los acontecimientos.

Cambia los corazones. Jesús dijo a sus Apóstoles: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo […] y seréis mis testigos» (Hch 1,8). Y aconteció precisamente así: los discípulos, que al principio estaban llenos de miedo, atrincherados con las puertas cerradas también después de la resurrección del Maestro, son transformados por el Espíritu y, como anuncia Jesús en el Evangelio de hoy, “dan testimonio de él” (cf. Jn 15,27). De vacilantes pasan a ser valientes y, dejando Jerusalén, van hasta los confines del mundo. Llenos de temor cuando Jesús estaba con ellos; son valientes sin él, porque el Espíritu cambió sus corazones.

El Espíritu libera los corazones cerrados por el miedo. Vence las resistencias. A quien se conforma con medias tintas, le ofrece ímpetus de entrega. Ensancha los corazones estrechos. Anima a servir a quien se apoltrona en la comodidad. Hace caminar al que se cree que ya ha llegado. Hace soñar al que cae en tibieza. He aquí el cambio del corazón.

Muchos prometen períodos de cambio, nuevos comienzos, renovaciones portentosas, pero la experiencia enseña que ningún esfuerzo terreno por cambiar las cosas satisface plenamente el corazón del hombre. El cambio del Espíritu es diferente: no revoluciona la vida a nuestro alrededor, pero cambia nuestro corazón; no nos libera de repente de los problemas, pero nos hace libres por dentro para afrontarlos; no nos da todo inmediatamente, sino que nos hace caminar con confianza, haciendo que no nos cansemos jamás de la vida.

El Espíritu mantiene joven el corazón – esa renovada juventud. La juventud, a pesar de todos los esfuerzos para alargarla, antes o después pasa; el Espíritu, en cambio, es el que previene el único envejecimiento malsano, el interior. ¿Cómo lo hace? Renovando el corazón, transformándolo de pecador en perdonado.

Este es el gran cambio: de culpables nos hace justos y, así, todo cambia, porque de esclavos del pecado pasamos a ser libres, de siervos a hijos, de descartados a valiosos, de decepcionados a esperanzados. De este modo, el Espíritu Santo hace que renazca la alegría, que florezca la paz en el corazón.

En este día, aprendemos qué hacer cuando necesitamos un cambio verdadero. ¿Quién de nosotros no lo necesita? Sobre todo cuando estamos hundidos, cuando estamos cansados por el peso de la vida, cuando nuestras debilidades nos oprimen, cuando avanzar es difícil y amar parece imposible. Entonces necesitamos un fuerte “reconstituyente”: es él, la fuerza de Dios. Es él que, como profesamos en el “Credo”, «da la vida». Qué bien nos vendrá asumir cada día este reconstituyente de vida. Decir, cuando despertamos: “Ven, Espíritu Santo, ven a mi corazón, ven a mi jornada”.

El Espíritu, después de cambiar los corazones, cambia los acontecimientos. Como el viento sopla por doquier, así él llega también a las situaciones más inimaginables. En los Hechos de los Apóstoles —que es un libro que tenemos que conocer, donde el protagonista es el Espíritu— asistimos a un dinamismo continuo, lleno de sorpresas. Cuando los discípulos no se lo esperan, el Espíritu los envía a los gentiles.

Abre nuevos caminos, como en el episodio del diácono Felipe. El Espíritu lo lleva por un camino desierto, de Jerusalén a Gaza —cómo suena doloroso hoy este nombre. Que el Espíritu cambie los corazones y los acontecimientos y conceda paz a Tierra Santa—. En aquel camino Felipe predica al funcionario etíope y lo bautiza; luego el Espíritu lo lleva a Azoto, después a Cesarea: siempre en situaciones nuevas, para que difunda la novedad de Dios. Luego está Pablo, que «encadenado por el Espíritu» (Hch 20,22), viaja hasta los más lejanos confines, llevando el Evangelio a pueblos que nunca había visto.

Cuando está el Espíritu siempre sucede algo, cuando él sopla jamás existe calma, jamás. Cuando la vida de nuestras comunidades atraviesa períodos de “flojedad”, donde se prefiere la tranquilidad doméstica a la novedad de Dios, es una mala señal. Quiere decir que se busca resguardarse del viento del Espíritu. Cuando se vive para la auto-conservación y no se va a los lejanos, no es un buen signo. El Espíritu sopla, pero nosotros arriamos las velas.

Sin embargo, tantas veces hemos visto obrar maravillas. A menudo, precisamente en los períodos más oscuros, el Espíritu ha suscitado la santidad más luminosa. Porque Él es el alma de la Iglesia, siempre la reanima de esperanza, la colma de alegría, la fecunda de novedad, le da brotes de vida. Como cuando, en una familia, nace un niño: trastorna los horarios, hace perder el sueño, pero lleva una alegría que renueva la vida, la impulsa hacia adelante, dilatándola en el amor.

De este modo, el Espíritu trae un “sabor de infancia” a la Iglesia. Obra un continuo renacer. Reaviva el amor de los comienzos. El Espíritu recuerda a la Iglesia que, a pesar de sus siglos de historia, es siempre una veinteañera, la esposa joven de la que el Señor está apasionadamente enamorado. No nos cansemos por tanto de invitar al Espíritu a nuestros ambientes, de invocarlo antes de nuestras actividades: “Ven, Espíritu Santo”.

Él traerá su fuerza de cambio, una fuerza única que es, por así decir, al mismo tiempo centrípeta y centrífuga. Es centrípeta, es decir empuja hacia el centro, porque actúa en lo más profundo del corazón. Trae unidad en la fragmentariedad, paz en las aflicciones, fortaleza en las tentaciones. Lo recuerda Pablo en la segunda lectura, escribiendo que el fruto del Espíritu es alegría, paz, fidelidad, dominio de sí (cf. Ga 5,22). El Espíritu regala la intimidad con Dios, la fuerza interior para ir adelante.

Pero al mismo tiempo él es fuerza centrífuga, es decir empuja hacia el exterior. El que lleva al centro es el mismo que manda a la periferia, hacia toda periferia humana; aquel que nos revela a Dios nos empuja hacia los hermanos. Envía, convierte en testigos y por eso infunde —escribe Pablo— amor, misericordia, bondad, mansedumbre. Solo en el Espíritu Consolador decimos palabras de vida y alentamos realmente a los demás. Quien vive según el Espíritu está en esta tensión espiritual: se encuentra orientado a la vez hacia Dios y hacia el mundo.

Pidámosle que seamos así. Espíritu Santo, viento impetuoso de Dios, sopla sobre nosotros. Sopla en nuestros corazones y haznos respirar la ternura del Padre. Sopla sobre la Iglesia y empújala hasta los confines lejanos para que, llevada por ti, no lleve nada más que a ti. Sopla sobre el mundo el calor suave de la paz y la brisa que restaura la esperanza. Ven, Espíritu Santo, cámbianos por dentro y renueva la faz de la tierra. Amén.

 

¿Quiénes son los 14 nuevos Cardenales que creará el Papa Francisco?

VATICANO, 20 May. 18 (ACI Prensa).-
El Papa Francisco anunció durante el rezo del Regina Coeli la creación de 14 nuevos Cardenales en un consistorio que se celebrará el próximo 29 de junio.

Entre los nuevos Cardenales anunciados este domingo 20 de mayo, procedentes de 11 países diferentes, se encuentran el Patriarca de la Babilonia de los Caldeos, Su Beatitud Louis Raphaël I Sako; el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Mons. Luis Ladaria, el Vicario General de Roma, Mons. Angelo De Donatis; y el Delegado Pontificio para la Soberana Orden Militar de Malta, Mons. Giovanni Angelo Becciu.

Además, también se crearán cardenales a Mons. António dos Santos Marto, Obispo de Leiría-Fátima, Protugal; a Mons. Pedro Barreto Jimeno, Arzobispo de Huancayo, Perú; Mons. Thomas Aquinas Manyo Maeda, Arzobispo de Osaka, Japón; y al sacerdote claretiano P. Aquilino Bocos Merino.

A continuación, las biografías de los 14 nuevos cardenales:

Su Beatitud Louis Raphaël I Sako, Patriarca de Babilionia de los Caldeos, nació en Zakho, Irak, el 4 de julio de 1948. Realizó sus estudios primarios en Mosul, en el Seminario local de St. Jean, gestionado por los Padres Dominicos.

Recibió la ordenación sacerdotal el 1 de junio de 1974 y desempeñó su servicio pastoral en la Catedral de Mosul hasta 1979.

Se trasladó a Roma y obtuvo el Doctorado en Patrología Oriental por el Pontificio Instituto Oriental. Posteriormente, obtuvo el Doctorado en Historia por la Sorbona de París. Entre 1997 y 2002 fue Rector del Seminario Patriarcal de Bagdad.

De regreso a Mosul obtuvo el encargo de párroco de la Parroquia del Perpetua Socorro, hasta que fue nombrado Arzobispo de Kerkuk el 27 de septiembre de 2003. Recibió la ordenación episcopal el 14 de noviembre de dicho año.

El 31 de enero de 2013, durante el Sínodo convocado en Roma por el Papa Benedicto XVI tras la renuncia del Patriarca Cardenal Delly, resultó elegido Patriarca, y recibió del mismo Sumo Pontífice la Comunión Eclesial el 1 de febrero.

Mons. Luis Francisco Ladaria Ferrer, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe nació en Manacor, Diócesis de Mallorca, España, el 19 de abril de 1944. Se licenció en Jurisprudencia en la Universidad de Madrid en 1966. Accedió a la Compañía de Jesús el 17 de octubre de 1966.

Realizó sus estudios en Filosofía y Teología en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid y en la Philosophisch-Theologische Hochschule Sankt Georgen, en Frankfurt, Alemania. Recibió el orden sacerdotal el 29 de julio de 1973.

Obtuvo el Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana en 1975. Desde ese año, ha ejercido como profesor de Teología Dogmática en la Universidad Pontificia de Comillas, en Madrid. Desde 1984 es Ordinario de Teología Dogmática en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Gregoriana.

También fue Vice-Rector de dicha institución entre 1986 y 1994. Fue miembro de la Comisión Teológica Internacional desde 1992 hasta 1997. Consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe desde 1995 y Secretario General de la Comisión Teológica Internacional desde 2004.

El 9 de julio fue nombrado Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El 1 de julio de 2017 fue nombrado Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Comisión Teológica Internacional.

Mons. Angelo de Donatis, Vicario General de Roma, nació el 4 de enero de 1954 en Casarano, provincia de Lecce y Diócesis de Nardò-Gallipoli, Italia. Realizó sus estudios primarios en el Seminario de Taranto y luego en el Pontificio Seminario Romano Mayor. Realizó sus estudios filosóficos en la Pontificia Universidad Laternanese y los teológicos en la Pontificia Universidad Gregoriana, donde obtuvo la Licencia en Teología Moral.

Fue ordenado sacerdote el 12 de abril de 1980 por la Diócesis de Nardò-Gallipoli, y el 28 de noviembre de 1983 quedó incardinado en la Diócesis de Roma.

En su ministerio desempeñó diversos encargos pastorales en parroquias de la Diócesis de Roma. En 1989 fue admitido en la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén con el grado de caballero. En la Cuaresma de 2014 realizó las meditaciones de los Ejercicios Espirituales de la Curia Romana.

Fue nombrado Obispo Auxiliar de Roma el 14 de septiembre de 2015. El 26 de mayo de dicho año fue nombrado Vicario General de la Diócesis de Roma.

Mons. Giovanni Angelo Becciu, Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado y Delegado Especial en la Soberana Orden Militar de Malta, nació en Pattada, Sassari, Italia, el 2 de junio de 1948.

Fue ordenado sacerdote el 27 de agosto de 1972. Quedó incardinado en Ozieri, Cerdeña, y es licenciado en Derecho Canónico. Accedió al servicio diplomático de la Santa Sede el 1 de mayo de 1984 y prestó sus servicios diplomáticos en las Representaciones Pontificias en la República Centroafricana, Sudán, Nueva Zelanda, Liberia, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos.

El 5 de octubre de 2001, el Papa Juan Pablo II lo nombró Nuncio Apostólico en Angola, concediéndole la sede titular de Roselle con dignidad de Arzobispo. El 5 de noviembre de ese mismo año fue nombrado Nuncio Apostólico también en Santo Tomé y Príncipe. Recibió la consagración episcopal el 1 de diciembre de 2001.

El 23 de julio de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró Nuncio Apostólico en Cuba hasta 2011. El 10 de mayo de 2011, el Papa lo nombró Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado.

El 4 de febrero de 2017, el Papa Francisco lo nombró Delegado Especial en la Soberana Orden Militar de Malta.

Mons. Konrad Krajewski, Limosnero Apostólico, nació en Lódz, Polonia, el 25 de noviembre de 1963. Accedió al Seminario Diocesano el 11 de junio de 1988 y, tras haber obtenido la Licenciatura en Teología en la Universidad Católica de Lublino, fue ordenado sacerdote.

Durante dos años fue Vicario Parroquial en diferentes parroquias de su Diócesis. En 1990 se trasladó a Roma para proseguir los estudios en el Instituto Litúrgico de San Anselmo. El 5 de marzo de 1993 obtuvo la Licenciatura en Sacra Liturgia y el 10 de marzo de 1995 la Licenciatura en Teología en la Pontificia Universidad de S. Tommaso.

De regreso a su Diócesis en 1995, ejerció de ceremoniero del Arzobispo y enseñó liturgia en el Seminario Diocesano, en el de los Franciscanos y en el de los Salesianos, así como en la Academia de Varsovia. También fue nombrado Prefecto del Seminario Diocesano.

En 1998 regresó a Roma y se incorporó a la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. El 12 de mayo de 1999 fue nombrado Ceremoniero Pontificio. El 3 de agosto de 2013 fue nombrado Limosnero de Su Santidad y Arzobispo titular de Benevento.

Mons. Joseph Coutts, Arzobispo de Karachi, nació el 21 de julio de 1945 en Amristar, en la Diócesis de Jullundur, India. Fue ordenado sacerdote el 9 de enero de 1971 para el clero de Lahore. Fue elegido Obispo Coadjutor de Hyderabad, Pakistán, el 5 de mayo de 1988 y fue consagrado el 16 de septiembre de dicho año. Sucedió al Obispo de Hyderabad el 1 de septiembre de 1990.

Posteriormente, fue transferido a Faisalabad el 27 de junio de 1998 y promovido a la Sede Metropolitana de Karachi el 25 de enero de 2012. Fue Presidente de la Conferencia Episcopal de Pakistán desde 2011 hasta 2017.

Mons. António dos Santos Marto, Obispo de Leiria-Fátima, nació el 5 de mayo de 1947 en el municipio de Chaves, Diócesis de Vila Real, Portugal. Tras haber completados los estudios preparatorios en el Seminario menor de Vila Real, continuó los estudios de filosofía y teología en la Universidad Católica Portuguesa como alumno del Seminario Mayor de Oporto.

En 1978 obtuvo el Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. El 7 de noviembre de 1971 recibió la ordenación sacerdotal, quedando incardinado en el clero de Vila Real.

Después de su estancia en Roma, permaneció de forma estable en la ciudad de Oporto como docente de Teología en la Universidad Católica. También fue Prefecto de Disciplina en el Seminario Mayor de Oporto y Responsable de Seminarios de la Diócesis de Vila Real.

Fue nombrado Obispo Auxiliar de Braga el 10 de noviembre de 2000 y recibió la ordenación episcopal el 11 de febrero de 2001.

El 22 de abril de 2004 fue nombrado Obispo e Viseu y el 22 de abril de 2006 fue nombrado Obispo e Leiria-Fátima.

Mons. Pedro Barreto Jimeno, Arzobispo de Huancayo, nació en Lima, Perú, el 12 de febrero de 1944. Realizó los cursos secundarios como aspirante a la vida religiosa en el noviciado de los Jesuitas en Lima. Realizó los estudios filosóficos en la Facultad de la Compañía de Jesús en Alcalá de Henares, España y los teológicos en la Facultad Pontificia y Civil de Lima.

Obtuvo el título de Educador en el Instituto Pedagógico Champagnat de Lima. Fue ordenado sacerdote el 18 de septiembre de 1971 y realizó la Profesión Perpetua el 3 de octubre de 1976.

Como sacerdote, desempeñó diversos encargos pastorales. El 9 de noviembre de 2001 fue elegido Vicario Apostólico de Jaén y Obispo titular de Acufida. El 1 de enero de 2002 recibió la Ordenación Episcopal. El 17 de julio de 2004 fue nombrado Arzobispo de Huancayo.

Mons. Desiré Tsarahazana, Arzobispo de Toamasina, nació en Amboangibe, Madagascar, el 13 de junio de 1954 y fue ordenado sacerdote el 28 de septiembre de 1986.

Después de su ordenación, desempeñó el oficio de Vacario en Mananara-Nord, Rector del Seminario Propedeutico y docente del Seminario Menor. Entre 1993 y 1999 fue Secretario Coordinador de sacerdotes de Antsiranana. Obtuvo la Licenciatura en Teología en la Universidad de Antananarivo. Desempeñó los estudios de especialización en Teología en la universidad Católica de Lion, Francia.

Fue nombrado Obispo de Fenoarivo Atsinamana el 30 de octubre de 2000 y cconsagrado el 18 de febrero de 2001. Se transfirió a la Diócesis de Toamasina el 24 de noviembre de 2008 y promovido Arzobispo de la misma sede el 26 de febrero de 2010.

Entre los años 2006 y 2012 fue Vicepresidente de la Conferencia de Obispos de Madagascar y desde 2012 es el Presidente.

Mons. Giuseppe Petrocchi, Arzobispo de L’Aquila (Italia). Nació en Ascoli Piceno (Italia) en 1948. Entró en el Seminario de Ascoli Piceno en 1965. Estudió Filosofía y Teología en la Pontificia Universidad Lateranense.

También se licenció de Filosofía en Macerata y Psicología en Roma. Habla francés, inglés, alemán y español.

Se ordenó sacerdote en septiembre de 1973 en Ascoli Piceno y después ocupó varios cargos como responsable de la pastoral juvenil diocesana, director del Centro diocesano vocacional, profesor de Filosofía, Pedagogía y Psicología en varios institutos. También fue párroco en varias parroquias, redactor jefe del boletín diocesano, y psicólogo en el consultorio familiar diocesano.

Ha trabajado entre 1973 y 1998 en el campo de la pastoral juvenil y la pastoral familiar.

En 1998 fue nombrado Obispo de Latina-Terracina-Sezze-Priverno y en 2013 nombrado Arzobispo de L’Aquila. 

Mons. Thomas Aquinas Manyo Maeda, Arzobispo de Osaka (Japón). Nació en 1949 en Tsuwasaki, Kami-Goto, perteneciente a la prefectura de Nagasaki (Japón).

Tras terminar los estudios en el LIzeo Nanzan de Nagasaki entró en el Seminario Mayor de San Sulpizio de Fukuoka. Se ordenó sacerdote en marzo de 1975.

Tras su ordenación sacerdotal cumplió diversos encargos como Vicario parroquial, párroco, editor del Boletín diocesano y encargado de la Comisión diocesana para las Comunicaciones Sociales.

Entre los años 2006 y 2011 fue Secretario General de la Conferencia de Obispos Católicos de Japón y en septiembre de 2011 fue consagrado Obispo de Hiroshima y en 2014 trasladado como Arzobispo de Osaka. Desde el año 2016 es vicepresidente de la Conferencia Episcopal Japonesa.

Mons. Sergio Obeso Rivera, Arzobispo emérito de Xalapa (México), nació en 1931. Tras finalizar los estudios humanísticos fue enviado a Roma donde estudió en la Pontificia Universidad Gregoriana, allí se doctoró en Teología.

Fue ordenado sacerdote el 31 de octubre de 1954. Posteriormente volvió a México donde desarrolló diversos encargos en el Seminario. En 1971 fue nombrado Obispo para la Diócesis de Papantla, en 1974 fue trasladado como Arzobispo de Uppenna, y en 1979 fue nombrado Arzobispo de Xalapa.

En noviembre de 1982 fue elegido Presidente de la Conferencia Episcopal Meximaca, por dos periodos y en 1995, relegido en ese cargo.

En el año 2007 el Papa Benedicto XVI aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la Archidiócesis de Xalapa por límite de edad.

Mons. Toribio Ticona Porco, prelado emérito de Corocoro (Bolivia). Nació en Atocha (Bolivia, el 25 de abril de 1937.

Antes de entrar en el Seminario trabajó como minero para ayudar a sostener a su familia. Estudió filosofía y teología en el Seminario de Sucre y fue ordenado sacerdote en enero de 1967, con 30 años, para la Prelatura de Corocoro.

Completó sus estudios complementarios en el Instituto de Pastoral del CELAM y el bienio de pastoral catequética en el centro Lumen Vitae de Bruselas (Bélgica).

El 31 de mayo de 1986 fue ordenado Obispo de Timici y auxiliar de Potosí. En 1992 fue trasladado como Obispo Prelado de orocoro.

Además de español y quechua, Mons. Toribio Ticona aprendió todas las lenguas que se hablan en su prelatura.

En julio de 2012 presentó su renuncia por límite de edad, y Benedicto XVI se la aceptó.

El sacerdote Aquilino Bocos Merino, es claretiano, nació el 17 de mayo de 1938 en Canillas de Esgueva, Valladolid (España). Entró en los Misioneros Claretianos en 1956 y se ordenó sacerdote 1963.

Estudió Filosofía y Psicología Clínica en la Universidad de Salamanca (España).

Entre los años 1964 al 1967 fue Director Espiritual del Colegio Mayor Maronita en Salamanca, posteriormente y hasta 1980 fue director espiritual del Teologado Claretiano, profesor en diversos centros educativos de la Congregación, Director de la Revista Vida Religiosa en Madrid y director de la Escuela Regina Apostolorum.

En 1980 y 1991 fue Superior provincial de los Misioneros Claretianos de Castilla y Consejero General de los Misioneros Claretianos.

En 1991 fue elegido superior general de los Claretianos durante dos periodos, y durante ese tiempo participó como miembro de la Unión Superior General, durante dos periodos.

Participó en el Sínodo para la Vida Consagrada (1994), en la Reunión especial para el Sínodo de Europa (1999) y en la reunión para el Sínodo de los Obispos en el año 2002.

Entre 1994 y 2004 participó como miembro de la Congregación para la Vida Consagrada.

 

El Papa Francisco creará 14 nuevos cardenales el próximo 29 de junio

VATICANO, 20 May. 18 (ACI Prensa).-
Tras el rezo del Regina Coeli este domingo 20 de mayo, el Papa Francisco anunció la celebración de un Consistorio para la creación de 14 nuevos cardenales procedentes de 11 países.

“Me alegra anunciar que el 29 de junio tendrá lugar un Consistorio para la creación de 14 nuevos cardenales. Sus orígenes expresan la universalidad de la Iglesia que continúa a anunciar el amor misericordioso de Dios a todos los hombres de la tierra”.

“La inserción de los nuevos Cardenales en la Diócesis de Roma manifiesta el inescindible vínculo entre la sede de Pedro y las Iglesias particulares difundidas por el mundo”, señaló el Santo Padre.

Entre los nuevos Cardenales están el Patriarca de la Babilonia de los Caldeos, Su Beatitud Louis Raphaël I Sako; el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Mons. Luis Ladaria, el Vicario General de Roma, Mons. Angelo De Donatis; y el Delegado Pontificio para la Soberana Orden Militar de Malta, Mons. Giovanni Angelo Becciu

Esta es la lista completa de los 14 nuevos Cardenales:

1. Su Beatitud Louis Raphaël I Sako, Patriarca de Babilonia de los Caldeos.

2. S.E. Mons. Luis Ladaria, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

3. S.E. Mons. Angelo De Donatis, Vicario Generale de Roma.

4. S.E. Mons. Giovanni Angelo Becciu, Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de

Estado y Delegado Especial en la Soberana Orden Militar de Malta.

5. S.E. Mons. Konrad Krajewski, Limosnero Apostólico.

6. S.E. Mons. Joseph Coutts, Arzobispo de Karachi.

7. S.E. Mons. António dos Santos Marto, Obispo de Leiria-Fátima.

8. S.E. Mons. Pedro Barreto, Arzobispo de Huancayo.

9. S.E. Mons. Desiré Tsarahazana, Arzobispo de Toamasina.

10. S.E. Mons. Giuseppe Petrocchi, Arzobispo de L’Aquila.

11. S.E. Mons. Thomas Aquinas Manyo, Arzobispo de Osaka.

12. S.E. Mons. Sergio Obeso Rivera, Arzobispo Emérito de Xalapa.

13. S.E. Mons. Toribio Ticona Porco, Prelado Emérito de Corocoro.

14. R.P. Aquilino Bocos Merino, Claretiano.

 

 

La santidad es una vocación para todos, asegura el Papa Francisco

VATICANO, 20 May. 18 (ACI Prensa).-
“En la actual fiesta de Pentecostés, culmina el tiempo Pascual”, anunció el Papa Francisco durante el rezo del Regina Coeli este domingo 20 de mayo. En su reflexión, el Santo Padre recordó que “la santidad no es un privilegio de unos pocos, sino una vocación para todos”.

Esta solemnidad, “nos hace revivir la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y los demás discípulos, reunidos en oración con la Virgen María en el Cenáculo”. En aquel día, tuvo lugar el comienzo de la historia de la santidad cristiana, porque el Espíritu Santo es la fuente de la santidad, que no es un privilegio de pocos, sino una vocación de todos”.

De hecho, “por medio del Bautismo estamos todos llamados a participar en la misma vida divina de Cristo y, mediante la Confirmación, a convertirnos en sus testigos en el mundo”.

En los textos Bíblicos del Antiguo Testamento ya se puede ver cómo “por medio de los antiguos profetas, el Señor había anunciado al pueblo este diseño suyo”. Todas esas profecías “se cumplieron en Jesucristo, mediador y garante de la permanente efusión del Espíritu. Y hoy, es la fiesta de la efusión el Espíritu”.

“Desde aquel día de Pentecostés, y hasta el fin de los tiempos, esta santidad, cuya plenitud es Cristo, se entrega a todos aquellos que se abren a las intenciones del Espíritu Santo, y se esfuerzan a serles dóciles. Es el Espíritu el que hace experimentar una alegría plena”.

El Papa continuó señalando que “el Espíritu Santo, entrando en nosotros, derrota la sequedad, abre los corazones a la esperanza y estimula y fomenta la maduración interior en la relación con Dios y con el prójimo”.

Así lo dice San Pablo: “El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, magnanimidad, benevolencia, bondad, fidelidad, ternura, domino de sí”.

“Todo esto –finalizó Francisco– hace el Espíritu por nosotros. Por esto festejamos esta riqueza que el Padre nos da”.

 

¿Sientes miedo? El Papa Francisco ofrece esta sugerencia en Pentecostés

VATICANO, 20 May. 18 (ACI Prensa).-
Durante la Misa del Domingo de Pentecostés, celebrada este 20 de mayo en la Basílica de San Pedro del Vaticano, el Papa Francisco animó a confiar en el Espíritu Santo a aquellos que sienten sus corazones cerrados por el miedo.

El Pontífice comparó el Espíritu Santo con un viento fuerte que “entra en las situaciones y las transforma, cambia los corazones y camba los acontecimientos”.

El Santo Padre explicó que “el Espíritu libera los corazones cerrados por el miedo. Vence las resistencias. A quien se conforma con medias tintas, le ofrece ímpetus de entrega. Ensancha los corazones estrechos. Anima a servir a quien se apoltrona en la comodidad. Hace caminar al que se cree que ya ha llegado. Hace soñar al que cae en tibieza. He aquí el cambio del corazón”.

Frente a aquellos que “prometen períodos de cambio, nuevos comienzos, renovaciones portentosas”, la experiencia enseña que “ningún esfuerzo terreno por cambiar las cosas satisface plenamente el corazón del hombre”.

Por el contrario, “el cambio del Espíritu es diferente: no revoluciona la vida a nuestro alrededor, pero cambia nuestro corazón; no nos libera de repente de los problemas, pero nos hace libres por dentro para afrontarlos; no nos da todo inmediatamente, sino que nos hace caminar con confianza, haciendo que no nos cansemos jamás de la vida”.

“El Espíritu mantiene joven el corazón –esa renovada juventud. La juventud, a pesar de todos los esfuerzos para alargarla, antes o después pasa; el Espíritu, en cambio, es el que previene el único envejecimiento malsano, el interior”.

“¿Cómo lo hace?”, se preguntó el Pontífice: “Renovando el corazón, transformándolo de pecador en perdonado. Este es el gran cambio: de culpables nos hace justos y, así, todo cambia, porque de esclavos del pecado pasamos a ser libres, de siervos a hijos, de descartados a valiosos, de decepcionados a esperanzados. De este modo, el Espíritu Santo hace que renazca la alegría, que florezca la paz en el corazón”.

El Papa continuó explicando en su homilía que, tras cambiar los corazones, “el Espíritu cambia los acontecimientos. Como el viento sopla por doquier, así él llega también a las situaciones más inimaginables”.

En su homilía explicó que se trata de una mala señal cuando “se prefiere la tranquilidad doméstica a la novedad de Dios”. Esa mala señal quiere decir “que se busca resguardarse del viento del Espíritu. Cuando se vive para la auto-conservación y no se va a los lejanos, no es un buen signo. El Espíritu sopla, pero nosotros arriamos las velas”.

Sin embargo, “tantas veces hemos visto obrar maravillas. A menudo, precisamente en los períodos más oscuros, el Espíritu ha suscitado la santidad más luminosa. Porque Él es el alma de la Iglesia, siempre la reanima de esperanza, la colma de alegría, la fecunda de novedad, le da brotes de vida. Como cuando, en una familia, nace un niño: trastorna los horarios, hace perder el sueño, pero lleva una alegría que renueva la vida, la impulsa hacia adelante, dilatándola en el amor”.

De este modo, “el Espíritu trae un ‘sabor de infancia’ a la Iglesia. Obra un continuo renacer. Reaviva el amor de los comienzos. El Espíritu recuerda a la Iglesia que, a pesar de sus siglos de historia, es siempre una veinteañera, la esposa joven de la que el Señor está apasionadamente enamorado. No nos cansemos por tanto de invitar al Espíritu a nuestros ambientes, de invocarlo antes de nuestras actividades: “Ven, Espíritu Santo”.

El Papa Francisco finalizó su homilía pidiendo al Espíritu Santo que sople “sobre nosotros. Sopla en nuestros corazones y haznos respirar la ternura del Padre. Sopla sobre la Iglesia y empújala hasta los confines lejanos para que, llevada por ti, no lleve nada más que a ti. Sopla sobre el mundo el calor suave de la paz y la brisa que restaura la esperanza. Ven, Espíritu Santo, cámbianos por dentro y renueva la faz de la tierra”.

 

Hoy es Pentecostés, Solemnidad del Espíritu Santo y nacimiento de la Iglesia [VIDEO]

REDACCIÓN CENTRAL, 20 May. 18 (ACI Prensa).-
Hoy se celebra la Solemnidad de Pentecostés, que conmemora la Venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles, cincuenta días después de la Resurrección de Jesucristo.

El capítulo dos del libro de los Hechos de los Apóstoles describe que “de repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo”.

San Juan Pablo II al reflexionar sobre este acontecimiento en su encíclica "Dominum et Vivificantem" señaló que “el Concilio Vaticano II habla del nacimiento de la Iglesia el día de Pentecostés. Tal acontecimiento constituye la manifestación definitiva de lo que se había realizado en el mismo Cenáculo el domingo de Pascua”.

“Cristo resucitado vino y ‘trajo’ a los apóstoles el Espíritu Santo. Se lo dio diciendo: ‘Recibid el Espíritu Santo’. Lo que había sucedido entonces en el interior del Cenáculo, ‘estando las puertas cerradas’, más tarde, el día de Pentecostés es manifestado también al exterior, ante los hombres”.

Posteriormente, el Papa de la familia cita el documento conciliar “Lumen Gentium”, en el que se resalta que “el Espíritu habita en la Iglesia y en el corazón de los fieles como en un templo (cf. 1 Co 3,16; 6,19), y en ellos ora y da testimonio de su adopción como hijos (cf. Ga 4,6; Rm 8,15-16 y 26). Guía la Iglesia a toda la verdad (cf. Jn 16, 13), la unifica en comunión y ministerio, la provee y gobierna con diversos dones jerárquicos y carismáticos y la embellece con sus frutos (cf. Ef 4,11-12; 1 Co 12,4; Ga5,22)”.

Más información:

¿Qué es Pentecostés?

¿Quién es el Espíritu Santo?

Novena por la Unción del Espíritu Santo

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El Espíritu Santo en el Catecismo de la Iglesia Católica

Documentos

El Espíritu Santo y la vida cristiana

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El Espíritu Santo y la Iglesia

Siete ventajas preciosas para el que ha hecho la promesa de propagar la Devoción al Espíritu Santo:

Símbolos del Espíritu Santo

Artículo de la Enciclopedia Católica

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— ACI Prensa (@aciprensa) 14 de mayo de 2016

 

Hoy celebramos a San Bernardino de Siena, propagador del amor al Nombre de Jesús

REDACCIÓN CENTRAL, 20 May. 18 (ACI Prensa).-
“El Nombre de Jesús es la luz de los predicadores, pues es su resplandor el que hace anunciar y oír su palabra”, decía San Bernardino de Siena, gran propagador del amor al Santísimo Nombre de Jesús.

San Bernardino nació en Italia en 1380, quedó huérfano y fue criado por una tía. Desde pequeño le gustaba armar altares e imitar a los predicadores. En su adolescencia era cuidadoso en su comportamiento y buscaba no faltar a la pureza.

Cuando tenía 20 años cayó una gran peste en la zona. Él y sus amigos fueron al hospital a servir a los enfermos hasta que terminó la epidemia. Más adelante formó parte de la Orden de los Frailes Menores, fue ordenado sacerdote y convirtió a muchos con su prédica.

Como propagador de la devoción al Santísimo Nombre de Jesús y la Eucaristía, solía portar una tablilla que mostraba la hostia consagrada con rayos y en el centro el monograma IHS, que el Santo ayudó a popularizar como símbolo de la Eucaristía.

Entre las duras pruebas que le tocó vivir estuvo la suspensión como predicador que recibió del Papa Martín V, hecho en el que intervino San Juan Capistrano, quien le ayudó a arreglar su situación.

Fue un gran reformador de la Orden Franciscana, fundó más de 200 monasterios y rechazó tres episcopados.

Al final de su vida se le apareció San Pedro Celestino para avisarle que su muerte estaba cerca. Partió a la Casa del Padre en 1444 y seis años después fue canonizado.

Más información:

Biografía

Oración a San Bernardino de Siena

San Bernardino de Siena en la Enciclopedia Católica

Especial de San Bernardino de Siena

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