El Papa en la Jornada Mundial de los Pobres 2019: Los pobres son los porteros del cielo

VATICANO, 17 Nov. 19 (ACI Prensa).-
El Papa Francisco calificó a los pobres “como porteros del cielo” porque revelan la riqueza por la cual verdaderamente vale le pena vivir que es “el amor”.

Así lo indicó el Santo Padre este domingo 17 de noviembre al celebrar una Misa Solemne en la Basílica de San Pedro con motivo de la Jornada Mundial de los Pobres 2019.

Se trató de la tercera ocasión que la Iglesia Universal celebra esta Jornada Mundial instituida por el Papa Francisco en la que participaron numerosas personas pobres e indigentes junto a voluntarios de diferentes realidades caritativas que los asisten diariamente.

“Los pobres nos facilitan el acceso al cielo; por eso el sentido de la fe del Pueblo de Dios los ha visto como los porteros del cielo. Ya desde ahora son nuestro tesoro, el tesoro de la Iglesia, porque nos revelan la riqueza que nunca envejece, la que une tierra y cielo, y por la cual verdaderamente vale la pena vivir: el amor”, dijo el Papa.

Al reflexionar en el Evangelio dominical de este penúltimo domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre explicó las palabras de Jesús que dice que “casi todo pasará. Casi todo, pero no todo” y añadió que el Señor “explica que lo que se derrumba, lo que pasa son las cosas penúltimas, no las últimas: el templo, no Dios; los reinos y los asuntos de la humanidad, no el hombre. Pasan las cosas penúltimas, que a menudo parecen definitivas, pero no lo son”.

“A nosotros nos parecen hechos de primera página, pero el Señor los pone en segunda página. En la primera queda lo que no pasará jamás: el Dios vivo, infinitamente más grande que cada templo que le construimos, y el hombre, nuestro prójimo, que vale más que todas las crónicas del mundo”, advirtió el Papa. Entonces, para ayudarnos a comprender lo que importa en la vida, Jesús nos advierte acerca de dos tentaciones.

Jornada Mundial de los Pobres
Santa Misa presidida por el Papa Francisco
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— PCPNE (@PCPNE_es) 17 de noviembre de 2019

En esta línea, el Pontífice advirtió sobre el peligro de dos tentaciones: la de la prisa y la del yo. Sobre la tentación de la prisa, del ahora mismo, el Papa explicó que “no hay que prestar atención a quien difunde alarmismos y alimenta el miedo del otro y del futuro, porque el miedo paraliza el corazón y la mente”.

Sin embargo, el Papa Francisco advirtió “cuántas veces nos dejamos seducir por la prisa de querer saberlo todo y ahora mismo, por el cosquilleo de la curiosidad, por la última noticia llamativa o escandalosa, por las historias turbias, por los chillidos del que grita más fuerte y más enfadado, por quien dice ‘ahora o nunca’. Pero esta prisa, este todo y ahora mismo, no viene de Dios.”

De este modo, el Santo Padre dijo que “si nos afanamos por el ahora mismo, olvidamos al que permanece para siempre: seguimos las nubes que pasan y perdemos de vista el cielo. Atraídos por el último grito, no encontramos más tiempo para Dios y para el hermano que vive a nuestro lado”.

 “¡Qué verdad es esta hoy! En el afán de correr, de conquistarlo todo y rápidamente, el que se queda atrás molesta y se considera como descarte. Cuántos ancianos, niños no nacidos, personas discapacitadas, pobres considerados inútiles. Se va de prisa, sin preocuparse que las distancias aumentan, que la codicia de pocos acrecienta la pobreza de muchos”, exclamó.

Por ello, el Papa explicó que Jesús propone como antídoto a la prisa la perseverancia que consiste en “seguir adelante cada día con los ojos fijos en aquello que no pasa: el Señor y el prójimo” y animó a pedir “por cada uno de nosotros y por nosotros como Iglesia para perseverar en el bien, para no perder de vista lo importante. Este es el engaño de la prisa”.

Sobre la tentación del yo, el Santo Padre destacó que “el cristiano, como no busca el ahora mismo sino el siempre, no es entonces un discípulo del yo, sino del tú. Es decir, no sigue las sirenas de sus caprichos, sino el reclamo del amor, la voz de Jesús”.

En este sentido, el Papa invitó “a servir sin buscar recompensas y contracambios” para después preguntarnos: “¿Ayudo a alguien de quien no podré recibir? Yo, cristiano, ¿tengo al menos un pobre como amigo?”, cuestionó.

“¡Qué hermoso sería si los pobres ocuparan en nuestro corazón el lugar que tienen en el corazón de Dios! Estando con los pobres, sirviendo a los pobres, aprendemos los gustos de Jesús, comprendemos qué es lo que permanece y qué es lo que pasa”, explicó el Papa.

Finalmente, el Santo Padre señaló que “los pobres son preciosos a los ojos de Dios porque no hablan la lengua del yo; no se sostienen solos, con las propias fuerzas, necesitan alguien que los lleve de la mano” y añadió que “nos recuerdan que el Evangelio se vive así, como mendigos que tienden hacia Dios. La presencia de los pobres nos lleva al clima del Evangelio, donde son bienaventurados los pobres en el espíritu”,

“Entre tantas cosas penúltimas, que pasan, el Señor quiere recordarnos hoy la última, que quedará para siempre. Es el amor, porque ‘Dios es amor’, y el pobre que pide mi amor me lleva directamente a Él”, concluyó.

Homilía del Papa Francisco en la tercera Jornada Mundial de los Pobres

VATICANO, 17 Nov. 19 (ACI Prensa).-
El Papa Francisco celebró este domingo 17 de noviembre en la Basílica de San Pedro una Misa en ocasión de la tercera Jornada Mundial de los Pobres en la que participaron numerosas personas pobres e indigentes junto a voluntarios de diferentes realidades caritativas que los asisten diariamente.

“Los pobres son preciosos a los ojos de Dios porque no hablan la lengua del yo; no se sostienen solos, con las propias fuerzas, necesitan alguien que los lleve de la mano. Nos recuerdan que el Evangelio se vive así, como mendigos que tienden hacia Dios. La presencia de los pobres nos lleva al clima del Evangelio, donde son bienaventurados los pobres en el espíritu”, dijo el Papa.

A continuación, la homilía pronunciada por el Santo Padre:

En el evangelio de hoy, Jesús sorprende a sus contemporáneos, y también a nosotros. En efecto, justo cuando se alababa el magnífico templo de Jerusalén, dice que «no quedará piedra sobre piedra» (Lc 21,6). ¿Por qué estas palabras hacia una institución tan sagrada, que no era sólo un edificio, sino un signo religioso único, una casa para Dios y para el pueblo creyente? ¿Por qué profetizar que la sólida certeza del pueblo de Dios se derrumbaría? ¿Por qué el Señor deja al final que se desmoronen las certezas, cuando el mundo las necesita cada vez más?

Buscamos respuestas en las palabras de Jesús. Él nos dice hoy que casi todo pasará. Casi todo, pero no todo. En este penúltimo domingo del Tiempo Ordinario, Él explica que lo que se derrumba, lo que pasa son las cosas penúltimas, no las últimas: el templo, no Dios; los reinos y los asuntos de la humanidad, no el hombre. Pasan las cosas penúltimas, que a menudo parecen definitivas, pero no lo son. Son realidades grandiosas, como nuestros templos, y espantosas, como terremotos, signos en el cielo y guerras en la tierra. A nosotros nos parecen hechos de primera página, pero el Señor los pone en segunda página. En la primera queda lo que no pasará jamás: el Dios vivo, infinitamente más grande que cada templo que le construimos, y el hombre, nuestro prójimo, que vale más que todas las crónicas del mundo. Entonces, para ayudarnos a comprender lo que importa en la vida, Jesús nos advierte acerca de dos tentaciones.

La primera es la tentación de la prisa, del ahora mismo. Para Jesús no hay que ir detrás de quien dice que el final está cerca, que «está llegando el tiempo». Es decir, que no hay que prestar atención a quien difunde alarmismos y alimenta el miedo del otro y del futuro, porque el miedo paraliza el corazón y la mente.

Sin embargo, cuántas veces nos dejamos seducir por la prisa de querer saberlo todo y ahora mismo, por el cosquilleo de la curiosidad, por la última noticia llamativa o escandalosa, por las historias turbias, por los chillidos del que grita más fuerte y más enfadado, por quien dice “ahora o nunca”. Pero esta prisa, este todo y ahora mismo, no viene de Dios. Si nos afanamos por el ahora mismo, olvidamos al que permanece para siempre: seguimos las nubes que pasan y perdemos de vista el cielo. Atraídos por el último grito, no encontramos más tiempo para Dios y para el hermano que vive a nuestro lado.

¡Qué verdad es esta hoy! En el afán de correr, de conquistarlo todo y rápidamente, el que se queda atrás molesta y se considera como descarte. Cuántos ancianos, niños no nacidos, personas discapacitadas, pobres considerados inútiles. Se va de prisa, sin preocuparse que las distancias aumentan, que la codicia de pocos acrecienta la pobreza de muchos.

Jesús, como antídoto a la prisa propone hoy a cada uno la perseverancia: «con su perseverancia salvarán sus almas». Perseverancia es seguir adelante cada día con los ojos fijos en aquello que no pasa: el Señor y el prójimo. Por esto, la perseverancia es el don de Dios con que se conservan todos los otros dones. Pidamos por cada uno de nosotros y por nosotros como Iglesia para perseverar en el bien, para no perder de vista lo importante. Este es el engaño de la prisa.

Hay un segundo engaño del que Jesús nos quiere alejar, cuando dice: «Muchos vendrán en mi nombre, diciendo: “Yo soy” […]; no vayan tras ellos». Es la tentación del yo. El cristiano, como no busca el ahora mismo sino el siempre, no es entonces un discípulo del yo, sino del tú. Es decir, no sigue las sirenas de sus caprichos, sino el reclamo del amor, la voz de Jesús. ¿Y cómo se distingue la voz de Jesús? “Muchos vendrán en mi nombre”, dice el Señor, pero no han de seguirse.

No basta la etiqueta “cristiano” o “católico” para ser de Jesús. Es necesario hablar la misma lengua de Jesús, la del amor, la lengua del tú. No habla la lengua de Jesús quien dice yo, sino quien sale del propio yo. Y, sin embargo, cuántas veces, aún al hacer el bien, reina la hipocresía del yo: hago lo correcto, pero para ser considerado bueno; doy, pero para recibir a cambio; ayudo, pero para atraer la amistad de esa persona importante. De este modo habla la lengua del yo. La Palabra de Dios, en cambio, impulsa a un «amor no fingido» (Rm 12,9), a dar al que no tiene para devolvernos (cf. Lc 14,14), a servir sin buscar recompensas y contracambios (cf. Lc 6,35). Entonces podemos preguntarnos: ¿Ayudo a alguien de quien no podré recibir? Yo, cristiano, ¿tengo al menos un pobre como amigo?

Los pobres son preciosos a los ojos de Dios porque no hablan la lengua del yo; no se sostienen solos, con las propias fuerzas, necesitan alguien que los lleve de la mano. Nos recuerdan que el Evangelio se vive así, como mendigos que tienden hacia Dios. La presencia de los pobres nos lleva al clima del Evangelio, donde son bienaventurados los pobres en el espíritu (cf. Mt 5,3). Entonces, más que sentir fastidio cuando oímos que golpean a nuestra puerta, podemos acoger su grito de auxilio como una llamada a salir de nuestro proprio yo, acogerlos con la misma mirada de amor que Dios tiene por ellos. ¡Qué hermoso sería si los pobres ocuparan en nuestro corazón el lugar que tienen en el corazón de Dios! Estando con los pobres, sirviendo a los pobres, aprendemos los gustos de Jesús, comprendemos qué es lo que permanece y qué es lo que pasa.

Volvemos así a las preguntas iniciales. Entre tantas cosas penúltimas, que pasan, el Señor quiere recordarnos hoy la última, que quedará para siempre. Es el amor, porque «Dios es amor» (1 Jn 4,8), y el pobre que pide mi amor me lleva directamente a Él. Los pobres nos facilitan el acceso al cielo; por eso el sentido de la fe del Pueblo de Dios los ha visto como los porteros del cielo. Ya desde ahora son nuestro tesoro, el tesoro de la Iglesia, porque nos revelan la riqueza que nunca envejece, la que une tierra y cielo, y por la cual verdaderamente vale la pena vivir: el amor.

Hoy es fiesta de Santa Isabel de Hungría, la que “murió para la tierra”

REDACCIÓN CENTRAL, 17 Nov. 19 (ACI Prensa).-
Cada 17 de noviembre la Iglesia celebra a Santa Isabel de Hungría, una joven madre que aprovechó su condición de nobleza para ayudar a Cristo en los más pobres. Al morir, se apareció y dijo que iba para la gloria y que había muerto para la tierra.

Hija del rey de Hungría, nació en 1207 y fue dada en matrimonio a Luis Landgrave de Turingia. Por ello, desde muy temprana edad sus padres la enviaron al castillo de Wartburg para que se educase en la corte de Turingia con el que sería su esposo. Allí tuvo que soportar incomprensiones por su bondad.

Su prometido, cada vez que pasaba por la ciudad, le compraba algo a la Santa y se lo entregaba muy respetuosamente.  Más adelante el joven heredó la “dignidad” de Landgrave y se casó con Santa Isabel. Dios les concedió tres hijos.

Luis no ponía impedimento para las obras de caridad de la Santa, pero por las noches, cuando se ella se levantaba a orar, su esposo le agarraba la mano con miedo a que tantos sacrificios le hagan daño y le suplicaba que volviera a descansar.

Por un tiempo, el hambre se hizo sentir en esas tierras y Santa Isabel se gastó su dinero ayudando a los pobres y el grano que estaba reservado para su casa. Esto le valió grandes críticas. Como el castillo quedaba sobre una colina, construyó un hospital al pie del monte para dar de comer a los inválidos con sus propias manos, y pagaba la educación de los niños pobres, especialmente de los huérfanos.

Luis murió en una de las cruzadas, víctima de la peste, y Santa Isabel sufrió mucho. Luego su cuñado se apoderó del gobierno y ella tuvo que mudarse. Más adelante, cuando sus hijos tenían todo lo necesario, tomaría el hábito de la tercera orden de San Francisco.

Su sacerdote confesor la sometió a grandes sacrificios como el despedir a sus criados que más quería. Hilaba o cargaba lana, ayudaba a los enfermos, vivía austeramente y trabajaba sin descanso. Partió a la Casa del Padre al anochecer al 17 de noviembre de 1231.

Se dice que el mismo día de su muerte, un hermano lego se había destrozado un brazo en un accidente y sufría en cama con los dolores. En eso se le apareció Santa Isabel con vestidos radiantes y el hermano le preguntó el porqué estaba tan hermosamente vestida. A lo que ella respondió: “es que voy para la gloria. Acabo de morir para la tierra. Estire su brazo ya que ha quedado curado”.

Dos días después del entierro llegó un monje cistercense al sepulcro de Santa Isabel y se arrodilló para pedirle a la Santa que intercediera para curarse  de un terrible dolor de corazón. De un momento a otro quedó completamente curado de su enfermedad.

Más información en: https://www.aciprensa.com/madres/isabel.htm

Así es la Iglesia en Tailandia y Japón, países que visitará el Papa Francisco

VATICANO, 16 Nov. 19 (ACI Prensa).-
Del 20 al 26 de noviembre el Papa Francisco visitará Tailandia y Japón, dos países del extremo oriente asiático en donde los católicos son una muy pequeña minoría.

Así son las Iglesias locales y las comunidades católicas de estos dos países.

Tailandia

El cristianismo llegó al Reino de Siam, antiguo nombre de Tailandia, entre los siglos XVI y XVII de la mano de los dominicos portugueses Jerónimo Cruz y Sebastiao da Canto, ambos asesinados en 1569. Tras ellos, llegaron los franciscanos, los jesuitas y las Misiones Extranjeras de París.

En 1688 la Iglesia padeció un largo período de persecuciones que finalizó en 1782 con la llegada al trono del rey Rama I, que pretendía estrechar lazos con las potencias occidentales. A lo largo del siglo XIX la presencia de la Iglesia en el país se consolida.

Hoy, con más de 65 millones y medio de habitantes, Tailandia es un país mayoritariamente budista. El 95% de la población sigue esta religión. La principal minoría religiosa es la musulmana, con un 4% de fieles. Los católicos representan solo el 0,59% de la población.

La Iglesia en Tailandia tiene 11 circunscripciones eclesiásticas, 502 parroquias, 566 centros pastorales de diferente naturaleza.

En cuanto a los ministros, posee 16 obispos, 523 sacerdotes diocesanos, 312 sacerdotes religiosos, 123 religiosos no sacerdotes, 1.461 religiosas, 57 miembros de institutos seculares, 221 misioneros laicos, 1.901 catequistas y 306 seminaristas.

Tailandia mantiene relaciones diplomáticas plenas con la Santa Sede desde el año 1968. A pesar de que en los años 80 se vivieron momentos de tensión en las relaciones Iglesia-Estado, debido a los temores de los monjes budistas por la actividad misionera, hoy se han superado y las relaciones diplomáticas son buenas.

El budismo en el país tiene un estatus especial, aunque no es la religión oficial del Estado, y la libertad religiosa está garantizada por la Constitución, a pesar de que se recoge de forma expresa la obligación del Estado de promocionar el budismo en su corriente theravada.

La Iglesia en Tailandia, a pesar de ser pequeña en número, desempeña una importante labor social en el campo educativo, sanitario y social.

En Tailandia hay alrededor de 426 escuelas con más de 450 mil estudiantes, muchos de ellos no cristianos. También es destacable el compromiso de la Iglesia en favor de los pobres y de los sectores más vulnerables de la sociedad, entre los cuales se encuentran los migrantes y refugiados presentes en el país.

Tailandia es un país con una gran polarización política. En ese ámbito, la Iglesia se ha comprometido con la paz y con el diálogo. Paz, diálogo, oración y no violencia son los ejes sobre los que gira la acción de la Iglesia en favor de la concordia social.

Japón

El cristianismo llegó a Japón en el siglo XVI con la labor evangelizadora de San Francisco Saverio, que llegó a la isla el 15 de agosto de 1549 junto con jesuitas, franciscanos, dominicos y agustinos.

En 60 años, los misioneros consiguieron construir una rica comunidad cristiana centrada en la fe con fuertes raíces en la cultura local. La comunidad católica llegó a superar los 300.000 fieles y tenía su centro en la ciudad de Nagasaki.

En el siglo XVII se desataron las persecuciones. En 1597 26 mártires cristianos fueron crucificados. Privados del clero y de iglesias, y a pesar de las masacres, algunos cristianos japoneses lograron sobrevivir trasmitiendo la fe en secreto de generación en generación. Era la época de los “kakure kirishitan”, o cristianos escondidos.

Su existencia se mantuvo en secreto incluso para el resto de la Iglesia hasta su “descubrimiento” a mitad del siglo XIX, cuando se abre de nuevo el país al resto del mundo y se permite le regreso de los misioneros.

Los siglos XIX y XX son los del renacimiento de la Iglesia en Japón. En 1862 se canonizaron a los 26 mártires cristianos de 1597. Regresaron los misioneros jesuitas, franciscanos, dominicos y se les añadieron los salesianos. En esa época se erigen las diócesis de Nagasaki y Osaka, y la Archidiócesis de Tokyo.

En el año 1942 se establecen las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y Japón, aunque el proceso se interrumpió debido a la Segunda Guerra Mundial. Las relaciones diplomáticas quedaron penamente reestablecidas en 1966 con la institución de una nunciatura apostólica.

A pesar de la libertad religiosa, el cristianismo en Japón se sigue percibiendo como una religión extranjera y su número de fieles es pequeño.

Con una población de más de 126 millones de habitantes, los católicos son 536 mil, el 0,42% de la población. El 79% de la población es sintoísta y el 66% budista.

La Iglesia cuenta con 16 circunscripciones eclesiásticas, 859 parroquias, 102 centros pastorales de diversa naturaleza, 29 obispos, 511 sacerdotes diocesanos, 896 sacerdotes religiosos, 29 diáconos permanentes, 173 religiosos no sacerdotes, 4.976 religiosas, 174 miembros de institutos seculares, 5 misioneros laicos, 1.307 catequistas y 80 seminaristas.

¿Qué tentaciones enfrenta un exorcista?

, 16 Nov. 19 (ACI Prensa).-
El P. Doriam Rocha Vergara, uno de los sacerdotes exorcistas más jóvenes del mundo, decidió revelar cuáles son las más grandes tentaciones que afronta diariamente en el ejercicio de su ministerio.

En conversación con ACI Prensa el 9 de noviembre de 2017, aseguró que las tentaciones lo acechan en todos los campos: específicamente en el placer, poder y tener.

1. Tentación al dinero

“Tengo la tentación del dinero. Mis hermanos sacerdotes piensan que soy el cura rico. Que todo lo que toco lo vuelvo plata. La gente piensa que yo soy rico”, aseguró el sacerdote.

2. Tentación de mujeres

El P. Doriam asegura que hay muchas mujeres que por ser joven y por su forma de hablar, piensan que es “distinto a los demás hombres”.

“Eso despierta una alta admiración y querer llegar al enamoramiento con el padre Doriam. De escribirse y de lanzarse, mujeres muy bonitas y muy guapas”, sostuvo.

3. Tentación de desobediencia

“Tentaciones de desobediencia, rebeldía y soberbia que muchas veces le quitan la gloria a Dios. Cuando un obispo me indica que no puedo ir a cierto lugar, por ejemplo. Sin embargo, yo nunca le he faltado el respeto”, aseguró el P. Doriam.

4. Tentación de reconocimiento y fama

El sacerdote asegura que esto sucede cuando un canal le “ofrece visibilidad o una editorial quiere empezar a sacar tus escritos”.

“Con el tema del exorcismo no se puede la fama”, afirmó.

5. Tentaciones en su familia

“La familia piensa que eres el solucionador de todos los problemas. Tanto emocionales como económicos”, indicó el presbítero.

6. Tentación de soberbia

Finalmente, el P. Doriam sostuvo que otra de sus tentaciones es la de “convertirse en una persona de ‘actos mágicos’. De tener dones de curar, liberar, etc”.

La superación de las tentaciones

Para superar las tentaciones, el P. Doriam explicó que a veces le toca hacer “autoexorcismos”, que son oraciones que rezan los exorcistas para protegerse.

Asimismo, aseguró que no ve televisión en su cuarto, no tiene computadora, no bebe alcohol ni consume tabaco, y lleva una exigente vida de oración. Entre las oraciones que realiza se encuentran el Santo Rosario, Santo Oficio, Laudes, Ángelus, Coronilla de la Divina Misericordia, Vísperas y Completas.

Finalmente, el P. Doriam aseguró que lo más importante para él es celebrar la Eucaristía a diario.

“No hay ningún solo día en mi vida que no celebre la Eucaristía, con el pueblo o solo. Al lado de mi cuarto tengo una capilla, un oratorio donde está el Santísimo y la presencia de la Santísima Virgen María”, precisó.

¿Cómo se relaciona el trabajo con nuestra vida? Esto reflexiona un Arzobispo

LOS ÁNGELES, 16 Nov. 19 (ACI Prensa).-
Mons. José Gomez, Arzobispo de Los Ángeles y nuevo presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), reflexionó en un reciente artículo sobre “qué es el trabajo, para qué trabajamos y cómo se relaciona nuestro trabajo con nuestra vida”.

En su artículo, titulado “¿Para qué estamos trabajando?”, Mons. Gomez lamentó que “en nuestra sociedad secularizada de consumidores, tendemos a ver el trabajo solamente como un medio para lograr un fin, como una manera de pagar las cuentas y de llevar a cabo las cosas”.

“Nos inclinamos a considerar nuestro tiempo libre, es decir, el tiempo en que no estamos trabajando, como un ‘escape’, como el tiempo en el que nos olvidamos de nuestra vida diaria. Este es uno de los motivos de la obsesión que existe en nuestra cultura por el entretenimiento y la diversión”.

El Prelado subrayó que “el verdadero problema no es ‘equilibrar’ el trabajo y la vida. El verdadero problema es descubrir el lugar que tiene tu trabajo en el plan de Dios para tu vida. Necesitamos ver nuestro trabajo a través de los ojos de Dios”.

“Por supuesto, nuestro trabajo es importante de muchas maneras prácticas. Necesitamos trabajar para llevar alimentos a nuestra mesa y para darle lo necesario a nuestras familias. Tenemos que trabajar para tener algo que darles a nuestros hermanos y hermanas necesitados”, indicó.

Sin embargo, añadió, “Dios quiere que nuestro trabajo sea mucho más que eso”.

El nuevo Presidente de la USCCB indicó que “Jesús vino al mundo y trabajó con manos humanas. Él se identificó tanto con su trabajo, con su profesión, que cuando empezó a predicar, sus vecinos se sorprendieron. ‘¿No es éste el hijo del carpintero?’, preguntaban”.

“En sus enseñanzas, Jesús solía usar, especialmente en sus parábolas, ejemplos, tomados del mundo del trabajo”, señaló, y recordó que “sus primeros seguidores fueron propietarios de pequeños negocios”.

“San Pablo se ganaba la vida como fabricante de tiendas. Y entre los primeros conversos se encontraba Lydia, una mujer de negocios próspera y renombrada”, dijo.

“El punto importante es que el trabajo tiene un significado profundo dentro del plan de Dios para el mundo y para nuestra vida”, añadió.

Mons. Gomez destacó que “a través de nuestro trabajo, estamos llamados a servir a Dios y a nuestro prójimo y a ser ‘colaboradores’ de Dios, continuando el trabajo de Dios en el mundo, participando en su plan de redención y santificando al mundo con su presencia y su amor”.

“‘Todo lo que hagan’, solía decir San Pablo, ‘háganlo para la gloria de Dios’”, recordó el Prelado, para señalar a continuación que “esta es la actitud que debemos tener hacia nuestro trabajo, incluso hacia las tareas más insignificantes que realicemos”.

“Por lo que respecta al trabajo, todo depende del objetivo y propósito que tengamos. Podemos tratar el trabajo como una carga, como algo aburrido. O bien, podemos ver nuestro trabajo como la posibilidad de hacer algo hermoso para Dios y como una manera de servir a nuestro prójimo”, indicó.

Para leer el texto completo de “¿Para qué estamos trabajando?”, de Mons. José Gomez, puede ingresar AQUÍ.

Sacerdote presenta libro para ayudar a familias ante la ideología de género

, 16 Nov. 19 (ACI Prensa).-
El P. Leandro Bonnin, sacerdote argentino conocido por defender a los niños por nacer, publicó su nuevo libro “La familia ante el desafío de la ideología de género”, para ayudar a los padres con consejos concretos cómo proteger sus hogares de esta amenaza.

“Es un libro práctico que termina con una serie de consejos muy concretos sobre cómo proteger la familia de los ataques externos y las crisis internas, además de invitar a una vivencia intensa de la fe católica y la adhesión plena a la fe bíblica”, contó el sacerdote en una reciente entrevista concedida a ACI Prensa.

“También ofrezco algunas reflexiones sobre cómo los laicos pueden incidir en la vida social, no siendo meros espectadores sino protagonistas de lo que acontece”, añadió el P. Bonnin, quien realiza su labor pastoral en la provincia de Entre Ríos.

En su libro se pueden encontrar, entre otros, capítulos como “La antropología y los conceptos clave de la teoría de género”, “Origen de la teoría de género y nuevo orden mundial”, “El amor se regocija con la verdad: por qué no es aceptable la teoría de género”, “La antropología bíblica y su actualidad”, “¿Qué podemos hacer? Pistas educativas, cívicas y espirituales”.

El P. Bonnin comenta que si bien existen varios libros que abordan el tema de la ideología de género –como el del politólogo Agustín Laje–, el suyo, de 122 páginas, fue destinado a los padres de familia “que al terminar de leerlo no se quedaran con la sensación de que ‘está todo perdido’, sino todo lo contrario”.

Asimismo, considera que el libro también puede ser leído por adolescentes, jóvenes y educadores.

En ese sentido, P. Bonnin resalta que su obra mantiene un tono divulgativo y no académico, para que sea leído y comprendido por todos. Otro detalle es que al ser escrito por un sacerdote, conlleva una intención pastoral.

Otra razón para escribir el libro fue para ayudar a las “personas que viven abrumadas por las urgencias de la vida cotidiana y no logran encontrar tiempo para reflexionar sobre las cuestiones de fondo”.

“Por eso para algunos estas temáticas se les hacen lejanas y abstractas, pero en la fase en que estamos, tocan la vida real de manera bien concreta. Por eso creo que todo adulto que quiera vivir responsablemente debe conocer esta visión y tener un sano juicio crítico, en especial los padres cristianos”, comentó.

Proceso de creación del libro

El P. Bonnin detalló a ACI Prensa que la creación de este libro es fruto de muchos años de lectura y reflexión.

“La primera vez que escuché hablar de Ideología de género fue en 1997. Yo era un adolescente que transitaba mi escuela secundaria en el Seminario de Paraná, y nos fue a visitar el Dr. Jorge Scala, quien ya entonces nos advirtió de lo que hoy estamos viviendo”, dijo.

Luego, contó que aquel “proceso iniciado entonces y acrecentado en el seminario tuvo un momento de mayor intensidad en el último año (desde octubre de 2018), ya que en Argentina comenzaron a intensificarse las políticas de género y su influjo en educación”.

“Comenzaron a invitarme a dar charlas sobre la ideología de género en educación. Entonces comencé a escuchar muchas conferencias de muchos autores (Gloria Naranjo, Card. Sarah, César Vidal, Alicia Rubio, Gabrelle Kuby, Agustín Laje, Fray Nelson Medina) y a hacerme con libros de diferentes autores. Quiero destacar en especial al P. Bernardo Olivera, en quien pude encontrar un abordaje integral y una visión cristiana. A esto se suman innumerables artículos y sobre todo muchas conversaciones informales con amigos, hermanos sacerdotes y familias”, explicó el sacerdote.

Postura sobre la ideología de género

El P. Bonnin cree que la “evolución que ha tenido la teoría de género –desde el feminismo clásico hasta la teoría Queer y el feminismo post-identitario– ha sido muy veloz en los últimos años” y que por ese motivo muchos sacerdotes no estaban preparados y no encontraban tiempo para “leer, reflexionar y asumir una actitud de discernimiento”.

Sobre el origen de la “antropología de género”, el presbítero aseguró que intentó explicarlo haciendo referencia a autores como Marx, Engels, Nietzsche o Sartre.

“Aunque a alguno pueda sorprender, la vigencia y actualidad de algunas de sus propuestas es innegable, incluso a nivel de la formulación de ciertas propuestas. Conocer ese origen y la visión que subyace nos permite comprender también la evolución de las ideas”.

“En todos los casos, los autores citados eran ateos y casi siempre con rasgos anticristianos: consideraban a las religiones como algo malo para la persona y la sociedad, como resabio de épocas pasadas y un modo mítico de comprender el mundo. Es lógico que siendo esto así, tenemos puntos de partida muy diversos, que llevarán a conclusiones divergentes”, acotó.

El P. Bonnin se refirió a un capítulo de su libro en el que se explican las cuatro etapas del proceso de reingeniería social para introducir la ideología de género en un país.

Sobre la expresión “reingeniería social” dijo que el concepto “se refiere a la posibilidad de cambiar el modo de pensar y de vivir de la gente utilizando para esto diferentes mecanismos y fases”, la “fase emotiva, fase de normalización, fase de institucionalización y fase de penalización”.

“Al principio es importante presentar historias que susciten una respuesta emocional en la sociedad: lo medios de comunicación masiva se complacen en narrar ataques violentos a personas transgénero, contar historias de amor romántico entre personas del mismo sexo, con una cierta idealización sobre este estilo de vida”, dijo el sacerdote. 

Luego, se refirió a “la etapa de normalización”, en la que “es importante dar la impresión de que ‘todo el mundo’ acepta esta nueva visión, y de que incluso la ciencia la avala”.

“La fase de institucionalización –en la que ya se encuentra Argentina casi hace una década- supone que existen leyes donde se asume la teoría de género”, añadió.

Finalmente, dijo que la “fase de penalización significa que aquellos que piensen diferente son reducidos al silencio, sometidos al señalamiento público, penalizados económicamente o incluso privados de la libertad de ejercicio de su profesión o llevados a prisión”.

“En relación a la teoría de género, en algunos países ya estamos arribando a ésta última”, concluyó.

El P. Bonnin ha publicado anteriormente libros como “El Gran Tesoro”, para explicar a los niños la Primera Comunión; o “La vida es siempre un bien”, en el que defiende a los no nacidos de la amenaza del aborto.

Su nuevo libro “La familia ante el desafío de la ideología de género” se puede conseguir desde cualquier punto del país en formato físico; y en el exterior, en su versión digital.

“Ruego a Dios que pueda tocar algunos corazones y animarlos a asumir con asombro y gratitud el plan de Dios, y a que las familias asuman con alegría su propia vocación, a ejemplo de la Familia de Jesús, María y José”, dijo finalmente el P. Bonnin.

La versión digital del libro puede adquirirse en: BajaLibros y Leamos

Argentina: Comisión episcopal premia a personas e instituciones que trabajan por la paz

, 16 Nov. 19 (ACI Prensa).-
Por segunda vez, la Comisión Nacional Justicia y Paz (CNJP) de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), reconoció con el premio Poliedro por la Paz a personas, instituciones y agrupaciones sociales que se destacan por su actuación y promoción en esta causa.

La distinción se entrega cada dos años y nace desde la CNJP, iluminados por las palabras y gestos del Papa Francisco y la encíclica Laudato Si, que con frecuencia exhorta al trabajo por la paz en el mundo.

El lema del Poliedro por la Paz 2019 fue “Vence la indiferencia y conquista la paz".

La ceremonia se realizó el 13 de noviembre en el Palacio San Martín de la Cancillería Argentina y concurrieron unas 200 personas entre las que se encontraba el Presidente de la CEA, Mons. Oscar Ojea. 

En un breve discurso, Mons. Ojea invitó a los presentes a hacer realidad la encíclica Laudato si' y "pasar del paradigma tecnocrático al paradigma del cuidado" como lo describe el Papa Francisco.

"El paradigma del cuidado que propone el Santo Padre propone que podamos sacar de lo más profundo de nosotros la experiencia vincular. Debemos pasar a un paradigma relacional, con la capacidad de vincularnos de verdad con la realidad”.

En tanto, el presidente de la CNJP, Emilio Inzaurraga expresó que "para construir la paz se necesita mucho más valor que para construir la guerra". “¿No será el tiempo de avanzar en acuerdos nacionales que expresen consensos con una mirada amplia y generosa, no solo coyuntural, dejando de lado intereses mezquinos?”, preguntó.

“¿No será tiempo de verdad, de ponernos la patria al hombro, para trabajar juntos, en favor de los más débiles, en temas que no hemos podido resolver en las últimas décadas?”, agregó.

Las distinciones de 2019 se realizaron sobre la base de seis categorías: "Cuidado de la creación", "Defensa de la dignidad humana", "Desarrollo humano integral", "Educación por la paz", "Convivencia y amistad social" y “Compromiso Ciudadano”.

Además se entregaron menciones especiales a otras instituciones.

Conoce el detalle de las premiaciones AQUÍ

Obispos de Ecuador concluyen asamblea y destacan 4 importantes temas

, 16 Nov. 19 (ACI Prensa).-
Al concluir su asamblea plenaria realizada del 11 al 15 de noviembre en Ríobamba, los obispos de la Conferencia Episcopal de Ecuador dieron a conocer 4 de los principales temas tratados en el evento.

Los prelados explicaron que “como pastores seguiremos acompañando a nuestro pueblo en su búsqueda de la paz” dado que actualmente Ecuador “pasa por momentos delicados de inestabilidad política, social y económica”.

“La dura pobreza que sufren muchos de nuestros hermanos y la necesaria interculturalidad nos impulsan a aprender a vivir las exigencias de una convivencia cimentada en la paz, la justicia y la equidad”, señalaron.

Durante el mes de octubre Ecuador fue escenario de una serie de protestas sociales desde que el presidente Lenin Moreno anunciara una serie de reajustes económicos, entre las cuales estaba la eliminación del subsidio a los combustibles que regía desde hace 40 años.

Así, el 7 de octubre Lenin Moreno se vio obligado a trasladar la sede del gobierno a Guayaquil, debido a las violentas protestas en Quito, a las que se ha sumado la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE).

El 8 de octubre los manifestantes asaltaron la sede de la Asamblea Nacional y tuvieron que ser expulsados por la policía. Los parlamentarios no se encontraban en el edificio.

Los obispos también informaron que dedicaron “gran parte de nuestro tiempo al estudio y aprobación de protocolos para la prevención y acompañamiento de las víctimas de los abusos a menores”.

“Las consecuencias físicas y psicológicas afectan también a la santidad de nuestra vida cristiana y a la credibilidad como Iglesia”, agregaron.

El tercer tema fue el compartir de los obispos que participaron del reciente Sínodo de la Amazonía, realizado en el Vaticano del 6 al 27 de octubre.

“Con ellos hemos renovado nuestro compromiso con el cuidado de la Casa común y la atención a los pueblos originarios”, indicaron.

El cuarto tema al que se refirieron los obispos fue la próxima “beatificación del P. Emilio Moscoso, S.J., mártir de la Eucaristía. En torno a su martirio ratificamos la entrega de nuestra vida a la causa de la fe”.

El P. Moscoso será elevado a los altares el próximo sábado 16 de noviembre en una Misa en el estadio olímpico Fernando Guerrero en Ríobamba, que será presidida por el Prefecto de la Congregación para los Obispos, Cardenal Angelo Becciu.

El sacerdote jesuita sirvió en Ríobamba como vicerrector del Colegio San Felipe en medio de un convulsionado clima político. En 1895 se proclamó en Guayaquil la Revolución Liberal y se desató una persecución religiosa que supuso la encarcelación del Obispo de Riobamba, Mons. Arsenio Andrade. También fueron encarcelados muchos sacerdotes jesuitas.

El 4 de mayo de 1897 los combatientes entraron al Colegio San Felipe, asaltaron la iglesia, profanaron el sagrario y buscaron a los sacerdotes para matarlos. Encontraron al P. Moscoso rezando en su habitación y lo asesinaron de dos disparos.

El 4 de mayo del año 2000 se inició en la diócesis de Riobamba su proceso de beatificación, proceso que finalizó el 14 de octubre de 2005.

El Papa Francisco aprobó el decreto que reconoce su martirio en febrero de este año.

Iglesia en Ecuador de fiesta: El P. Emilio Moscoso ya es beato

QUITO, 16 Nov. 19 (ACI Prensa).-
Esta mañana en el Estadio Olímpico de Riobamba, al sur de Quito y al este de Guayaquil, fue proclamado beato el P. Emilio Moscoso, sacerdote jesuita asesinado por odio a la fe por revolucionarios, a fines del siglo XIX.

Según recoge Vatican News, en la homilía de la Misa, el Cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, destacó que el Beato Emilio Moscoso fue un “apóstol generoso, dócil, manso y dispuesto al sacrificio”.

“El suyo era un ardiente deseo de identificarse con Jesús, incluso en su muerte, hasta el punto de asociar su sacrificio al de Cristo en la cruz”.

Salvador Víctor Emilio Moscoso Cárdenas nació el 21 de abril de 1846 en la localidad ecuatoriana de Cuenca. Con 18 años pidió entrar en el noviciado de Cuenca. Se trataba de una época particularmente compleja en el contexto de las persecuciones religiosas y del conflicto entre Ecuador y Colombia.

Emilio Moscoso hizo los primeros votos en la capilla de Santa Mariana de Jesús y continuó sus estudios en el Colegio Seminario San Luis, donde destacó en Filosofía.

Ya ordenado sacerdote, recibió su encargo pastoral en el Colegio de San Felipe. Además, la Compañía de Jesús le encomendó labores de docencia, donde era muy estimado por sus alumnos. Llegó a ser vicerrector del Colegio de San Felipe.

Mientras tanto, el contexto político de Ecuador empeoraba. En 1895 se proclamó en Guayaquil la Revolución Liberal, encabezada por el General Alfaro, quien desató una persecución religiosa que supuso la encarcelación del Obispo de Riobamba, Mons. Arsenio Andrade. También fueron encarcelados muchos sacerdotes jesuitas.

Dentro de ese proceso de persecución religiosa, los combatientes entraron en el Colegio de San Felipe, asaltaron la iglesia y profanaron el sagrario, además de atacar a los jesuitas. Los asaltantes encontraron al P. Moscoso rezando en su habitación y, allí mismo, lo asesinaron de dos disparos.

El 4 de mayo del año 2000 se inició en la Diócesis de Riobamba su proceso de beatificación. El Papa Francisco reconoció su martirio el 13 de febrero de este año.

El Cardenal Becciu destacó que “el martirio es el fruto de una fe enraizada en Dios y vivida día a día, que pide coherencia, valentía y una intensa capacidad de amar a Dios y al prójimo con el don de sí mismo”.

El camino recorrido por el nuevo beato ecuatoriano fue el de la “docilidad a la voluntad de Dios; apego a la Palabra como guía de nuestras acciones; elección de María como modelo de vida; devoción a la Eucaristía como lugar privilegiado para saborear la presencia del Señor en medio de su pueblo”.

Tras la beatificación del P. Moscoso, se eleva a dos el número de beatos ecuatorianos, junto a Mercedes de Jesús Molina. Ecuador tiene además a tres santos: Santa Mariana de Jesús, Santa Narcisa de Jesús Martillo Morán y el Santo Hermano Miguel Febres Cordero.

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